VI. El Coloso de Rodas: Una de las 7 maravillas del mundo antiguo

Fue una gigantesca estatua del dios griego Helios (Sol) erigida en el puerto de la isla de Rodas por el escultor Cares de Lindos, discípulo aventajado de Lisipo (autor del Apoxiomenos), en el año 280 a.C.

El Coloso estaba hecho con placas de bronce sobre un armazón de hierro y conmemoraba la victoria de los rodios sobre las tropas de Demetrio Poliorcetes, su tamaño aproximado era de 32 metros de altura y 70 toneladas de peso.

Desde siempre la pequeña isla griega de Rodas ha sido el nexo principal entre los mares Egeo y Mediterráneo, y fue asimismo un importante centro económico del mundo antiguo. La capital, también llamada Rodas y construida en el año 408 a. C., fue diseñada para poder aprovechar el mejor puerto natural de la isla sobre la costa norte. En el año 357 a. C. fue conquistada por Mausolo de Halicarnaso, pero cayó en manos persas en el 340 a. C. para finalmente ser capturada por Alejandro Magno en el 332 a. C.

En el siglo IV a. C., Rodas se alió con Ptolomeo I de Egipto para luchar juntos contra su común enemigo, Antígono I Monoftalmos de Macedonia. En el 305 a. C., Antígono envió a su hijo Demetrio a capturar y castigar la ciudad de Rodas por aliarse con Egipto.

Demetrio atacó la isla con 40,000 hombres armados, comenzando una guerra que duró todo un año.

Posteriormente Ptolomeo envió como refuerzo toda una flota de barcos y el ejército de Antígono tuvo que abandonar el sitio, dejando allí, la mayor parte de su maquinaria de asedio.

Para celebrar la victoria, los rodios vendieron esta maquinaria y decidieron invertir las ganancias en la construcción de una estatua enorme en honor a su dios del sol, Helios. Estatua que fue conocida como "El Coloso de Rodas".

Casi tan alto como la emblemática Estatua de La Libertad construida 2,000 años después, el coloso también fue erigido como una celebración de la libertad alcanzada.

El coloso de Rodas, fue construido aproximadamente en el año 280 a. C. Con sus 30 metros (100 pies) de altura, fue esculpido para presidir la entrada al puerto de Rodas.

Según Plinio el Viejo, un historiador griego que vivió varios siglos después de que el coloso fuese esculpido, su construcción duró 12 años, completándose en el año 280 a. C. Siendo como era el orgullo de la ciudad, sus habitantes pensaban que la estatua permanecería siempre en pie. Carlos de Lindos fue su arquitecto, teniendo a su cargo la tarea de construir una estatua casi dos veces más alta que cualquiera de las creadas hasta ese momento.

La base se realizó en mármol blanco y la estructura se erigió gradualmente con planchas de bronce reforzadas sobre un armazón de hierro y piedra.

Según el libro de “Filón de Bizancio”, se emplearon 15 toneladas de bronce y 9 de hierro, aunque estas cifras parezcan irrisorias para los arquitectos modernos. El bronce procedía de una fuente inusual.

Se decidió fabricar el coloso con las armas de bronce de los invasores vencidos junto con una gigantesca torre de asedio enemiga capturada de unos nueve pisos de altura que sirvió de andamiaje al proyecto. Cuando la estatua finalmente estuvo acabada se le dedicó un poema.

Conservados en las antologías griegas de poesía estos son, según se cree, los genuinos versos escritos para el coloso:

“A ti, oh Sol, la gente de Rodas la Doria dedica esta estatua de bronce que alcanza el olimpo. Cuando Rodas ha pacificado las ondas de guerra y coronado su ciudad con los despojos tomados del enemigo. No sólo sobre los mares sino también sobre la tierra encendieron ellos la amorosa antorcha de la libertad y la independencia. Porque a los descendientes de Heracles pertenece el dominio de los mares y de la tierra.”

El Coloso de Rodas era una estatua de dimensiones sobrehumanas. Medía más de 107 pies (30 metros) de altura, lo que la convirtió en una de las estatuas más grandes del mundo antiguo; sólo su muslo medía, supuestamente, 11 pies (3 metros) de ancho mientras que su tobillo medía 5 pies (1.5 metros) de longitud.

Hoy en día se cree que la estatua estuvo situada en tierra firme y con las piernas juntas hasta que un terremoto la derribó en el año 226 a.C.

Los restos del Coloso quedaron derrumbados en el mismo sitio durante 900 años, hasta que los musulmanes se apoderaron del bronce como botín durante una de sus incursiones y lo vendieron a un mercader judío de origen sirio que desmontó las piezas y las llevó hacia Oriente en una interminable caravana de camellos.