La Trigueña Prisca y el Pirata Mundaca

El vasco Fermín Antonio Mundaca y Marecheaga, “El Pirata Mundaca”

A ‘El Pirata Mundaca’ se le ha conocido en Isla Mujeres por sus dotes en la piratería, su hacienda y por supuesto, por el amor no correspondido con la trigueña Prisca Gómez Pantoja. Ella era hija de Juan Tomás Gómez, persona designada para su recibimiento en Isla Mujeres cuando llego a la isla y con el que mantendría una larga amistad.

Hay que decir que cuándo Fermín Mundaca llega a Isla Mujeres, Prisca ni siquiera había nacido por lo que la diferencia de edad, pudo ser uno de los grandes problemas por lo que su historia de amor no tuviera éxito. Cada vez que Fermín Mundaca volvía a Isla Mujeres de alguno de sus viajes, siempre hacía llamar a Juan Tomás al cual agasajaba con regalos para su familia, así como otros obsequios para el resto de la población de la isla.

 ‘La Trigueña’ cree que hubiese merecido, a pesar de la diferencia de edad, haber compartido su vida con aquel vasco

Cuándo Fermín Mundaca se enamora de la trigueña ya tenía 55 años, frente a los 16 de la joven Prisca. El debió de ofrecer una dote al padre de la trigueña, el cual se comprometió en hablar con su hija. Fermín ya sabía que la joven trigueña ya tenía otro pretendiente, pero no cesó en su intento. La joven ya tenía un compromiso con otro joven de la isla, lo que debió de entristecer al pirata el cual desapareció de la isla por un año y medio o dos años, cuándo lo normal es que sus viajes duraran alrededor de seis meses.

Este hecho tuvo preocupados a los habitantes de Isla Mujeres, ya que los mayas que estaban frente de Isla Mujeres no atacaban o no cruzaban por la presencia del barco de guerra de Fermín Mundaca que disponía de cañones y que hacían que la isla estuviese siempre segura.

Dicen que cuándo decide regresar de nuevo Fermín a Isla Mujeres, trae consigo un caballo negro con el cual se paseará por las pocas calles de la isla, para que el pueblo supiera que había vuelto, y mostrarse de nuevo a la trigueña.

Llego como siempre a la casa de los Gómez, con regalos, pero sin insistirle a ella en nada. Eso sí, debió de volver a pedirle al padre de ‘La Trigueña’ su mano por segunda vez, ofreciéndole mucho más dote que en la anterior vez. Cuándo el padre habla con la trigueña, para insistirle en que se casara con Fermín, ella misma debió de dirigirse al propio Mundaca, preguntándole quién era, ya que ella no sabía nada de él.

El debió de contarle su vida a ‘La Trigueña’, sincerándose acerca de sus actividades con el comercio de esclavos desde África a Cuba, para que de esta forma aceptase su proposición y supiera de primera mano qué clase de persona había sido.

También le contó cómo había tenido una mujer africana con la que tuvo descendencia, y como en uno de los viajes enfermaron tanto su mujer, y como, el bebé que tuvieron juntos, y a los tuvo que tirar por la borda como obligaban las leyes del mar. El debió de insistir en traer a su mujer a Cuba desde Nueva Guinea, pero en el viaje enfermaron y murieron.

‘El Pirata’ nunca ocupó la tumba que se hizo construir y terminó sus días en Mérida.

La Tumba vacía de Mundaca

La tumba del Pirata Mundaca que nunca ocupó con el mensaje para la trigueña Prisca en su tumba de Isla Mujeres hizo tallar símbolos piratas, como son la calavera con huesos cruzados, así como la siguiente inscripción:

“Lo que tú eres…. yo fui.

Lo que yo soy…luego serás.

Ruega por nosotros”.

 

Cuándo el tiempo curó las heridas de Fermín Mundaca, él quiso volver a tener de nuevo una familia, esta vez con la joven trigueña, pero ella nunca le correspondió. Quizás al final de los días del Pirata, ella se daría cuenta que hubiese merecido a pesar de la diferencia de edad, haber compartido su vida con un nombre que le habría querido como nadie.

Ella que terminó casándose con aquel joven de la isla, terminó sola ya que su esposo murió a consecuencia de la picadura de una serpiente. Dicen que alrededor de 1903 en una visita a Mérida, para curarse de alguna dolencia, el doctor al escuchar el nombre de la trigueña, le preguntó, “¿Es usted Prisca Gómez de Isla Mujeres? Es que yo conocí a un tal Fermín Antonio Mundaca Marecheaga, que muere loco, que habla de su castillo en Isla Mujeres, que habla de la mujer de sus sueños”. “Quiero –siguió el doctor- que sepa que el único del que recibió visita, mientras estuvo enfermo, fue Juan Peche, un maya que él recoge en uno de sus viajes y que fue el que se encargó de su entierro. Vaya a ver al notario, porque Fermín Mundaca ha dejado algo para usted.”

Lo que Fermín Mundaca dejo para la joven Prisca Gómez eran unas cartas, que le lee personalmente el notario y en el cual le indicaba a la joven dónde había sido enterrado. Acude al cementerio de Mérida, busca la tumba y en la tumba en ella rompe a llorar. Aunque existe una tumba en Isla Mujeres, Fermín termina sus días en Mérida protegido por el gobierno hasta su muerte.

Es cultura a la trigueña Prisca Gómez Pantoja, en Isla Mujeres