Decir Miura, es decir, historia viva del toro bravo. Tragedia, terror, gloria y leyenda.

El Toro de Miura, bravura, personalidad fuerte, temple, respeto y desasosiego.

 

Tomado de “Toros para todos” por José Antonio Ortiz Gómez

 

Esta mítica ganadería sevillana lleva en la misma familia desde 1842. Creada con reses Gallardo y Cabrera, y sin un solo refrescamiento de sangre, en 175 años se ha mantenido milagrosamente en los carteles de tres siglos distintos. Su toro inconfundible presenta desde sus orígenes unas características morfológicas y de comportamiento singulares e identitarias. Toros huesudos, altos y zancudos, de piel fina, sin papada y barrigas recogidas. Pelos cárdenos, sardos, salineros, coloraos, castaños y berrendos o negros adornan tan impresionante esqueleto. Su comportamiento en la plaza se caracteriza por una viva mirada, un sentido muy desarrollado y un largo cuello que a modo de muelle acompaña con viveza unas embestidas fuertes casi siempre.

No es fácil acoplarse a ese volumen y a esos cuellos giradores cual látigo. Arboladuras de más de un metro que no caben en las muletas no hacen muy propicio el toreo moderno. Ese es su tipo y de ahí no se apean. Salen toros bravos que embisten rectos y humillados. Pero los hermanos Miura piensan en sus clientes que van a ver toros asalvajados que no se dejan torear y se aseguran seleccionar esos “pájaros” que le han dado tanta fama.

Camadas de nueve o diez corridas y clientes fijos durante décadas son el escenario cada año de los toros de Miura. Sevilla, Pamplona, Beziers, Mt. De Marsan fijos durante décadas apalabran su corrida de un año para otro. Cincuenta ferias seguidas en Sevilla cerrando los farolillos. Casi ná.

Los toreros tildados de especialistas duran unos pocos años matando camadas y gastando a borbotones su valor. Las figuras ni se asoman en un tentadero. Antiguamente las pedían. Manolete murió en Linares después de pedir la corrida cuando su destino inicial era Murcia. Bienvenida fue detenido por negarse a matar una corrida incompleta de Miura en Madrid (1944). Quería la corrida completa para dar la alternativa a sus hermanos y tras pasar por el calabozo se completó el sexteto y se logró el objetivo. El Viti los pidió en ocasiones y triunfó fuerte con ellos. Y muchas figuras de otras épocas. Hoy en día se refugian en lo de Domecq que no moleste. Rara vez alguno se atreve.

La fama también viene por los toreros caídos mortalmente en las astas de los toros de Zahariche. Pepete, El espartero y Manolete. Un record funesto. Sus carreras en las calles de Pamplona ya forman parte del género de terror. Pero también por eso Miura lleva aficionados a la plaza. Buscando un toro con emoción y peligro. Solo el nombre llena un cartel, aunque ante ellos se acartelen pelé y melé. No se sabe qué va a pasar cuando por chiqueros sale uno de estos...

La trascendencia de un triunfo con miuras traspasa al resto de hierros. Ejemplos hay de ello. Manuel Escribano salió del más absoluto anonimato por cortarle dos orejas a uno en Sevilla. Y Javier Castaño resucitó de entre los toreros muertos matando seis él solo y triunfando en Nimes. Después ha matado 30 corridas en un lustro.

Parece mentira que después de casi dos siglos la misma familia siga manteniendo la leyenda y el nivel de sus toros con todos los vaivenes vividos en la fiesta y en la sociedad española.

Los hermanos Miura

Los hermanos Antonio y Eduardo Miura

 

Los hermanos Antonio y Eduardo Miura tomaron el testigo de su padre siguiendo a rajatabla la fórmula secreta de una selección y un modo de hacer que solo ellos saben. Hombres de campo, celosos de sus secretos, alejados de tablaos y fiestas sevillanas, viven por y para el hierro de Miura.

La pócima se hace a puerta cerrada en unos tentaderos especiales donde los caballos tienen que llevar protectores en el cuello para salvar los pitones y los brincos de las vacas bravas. Pocos se atreven a torear allí. No hay filmaciones ni fotos en sus tientas. Fidelidad a un concepto de criar toros bravos fuera de las modas y gustos actuales. Como hace cien años. Sin testigos.

Un logro admirable. Un toro que ha conseguido cosas inimaginables. Se habla de “se puso como un miura” para referirse a alguien iracundo. Vocablo manejado en nuestro lenguaje ibérico.

Una marca de coches italianos lanzó un modelo “Miura” con un toro de logotipo inspirándose en la legendaria divisa.

Y es que el secretismo de esta vacada ha dado siempre a numerosos rumores y habladurías.

Dicen que D. Eduardo Miura, abuelo de los actuales propietarios ponía muñecos de trapo en los cercados de los toros para que estos aprendieran a atacar y a cornear. Cosa incierta.

Dicen que en Madrid se lidia con divisa negra y verde en señal de luto por la muerte de Pepete, cosa falsa. Lo que sí es verdad es que ese mismo ganadero lloró desconsolado cuando el mayoral le contó a la vuelta de lidiar en Sevilla que Joselito El Gallo había tocado un pitón de un toro suyo en un desplante.

Los tiempos han cambiado y en Miura también ha habido cambios en parte. Salen toros buenos para hacer el toreo moderno. Y muy bravos. Y salen auténticos criminales que meten miedo hasta el último espectador del tendido alto. Pero no ha dimitido nunca de su origen, carácter ni de su personalidad y eso le hace ser una de las ganaderías más antiguas e irrepetible de la historia.

Hoy, una vez más correrán el encierro por las calles de Pamplona donde esperemos que los mozos/as puedan disfrutar y no haya incidentes reseñables y por la tarde, será Antonio Ferrera quien se enfrente en solitario a los seis Miuras, con el bonito gesto de donar sus honorarios a la casa de la misericordia, la cual subsiste en gran medida, gracias a los ingresos generados por la Feria del Toro durante los San Fermines.

!!Suerte para todos!!