Castillo de Chaumont, uno de los castillos mejor conservados

Castillo de Chaumont

 

Eudes I, conde de Blois, mandó construir una fortaleza en el siglo X para proteger la ciudad de Blois de los ataques del conde de Anjou. Fue regalada al caballero de Gelduin; después, por matrimonio, pasó a la familia de Amboise durante 5 siglos.

Luis XI la mandó quemar y arrasar en 1465 como castigo a Pedro de Amboise por haber participado en la revuelta de la Liga del Bien Público contra el poder real. Pero su hijo, Carlos I de Amboise, emprendió la reconstrucción edificando el ala norte (frente al Loira y hoy desparecida), desde 1465 a 1475.

Desde 1498 a 1510, Carlos II de Chaumont de Amboise, ayudado por su tío el cardenal Georges de Amboise, siguió reconstruyendo el edificio en un estilo marcado ya por el Renacimiento, aunque se conservara el mismo aire general fortificado.

Una tumultuosa epopeya

A finales de 1559, Catalina de Médicis, propietaria del castillo desde 1550, obligó a su rival Diana de Poitiers, favorita de Enrique II, a marcharse al de Chenonceau.

Al morir Carlota de la Marck, nieta de Diana de Poitiers (1594), el castillo pasó por muchas andanzas. Fue el mimado bien de gentes varias: un granjero, un barón, los señores de Ruffignac, el duque de Beauvilliers, el duque de Anjou…

Fue comprado, legado en herencia, cedido como cobranza de deudas, elegido como tierra de exilio. Se utilizó como fortaleza, manufactura o granja. Se empezó a restaurar cuando el conde de Aramon (fallecido en 1847) lo compró en 1834; el vizconde Walsh continuó.

En 1875, Maria Say, casada con el príncipe Amadeo de Broglie (hijo de Alberto de Broglie), se convirtió en su propietaria. El matrimonio mandó hacer un parque paisajeado a la inglesa y en 1877 encargó la restauración completa del edificio y la edificación de unas lujosas cuadras al arquitecto Paul-Ernest Sanson, que eligió hacerlo todo combinando ladrillo y piedra.

Las cuadras de Chaumont son representativas de lo que la adinerada aristocracia mandó edificar a finales del siglo XIX para resguardar a sus caballos. En su época se consideraron las más lujosas de Europa, ya tenían luz eléctrica de arco, como la ópera Garnier y el ayuntamiento de París.

Durante 40 años, el castillo vivirá un periodo fastuoso. Las esplendidas fiestas y recepciones, el tren de vida de los príncipes de Broglie eran dignos de una casa real. Pero por desgracia, en 1938 por reveses de fortuna la princesa de Broglie tuvo que vender Chaumont al Estado. Desde entonces depende de la administración de los Monumentos históricos.