Castillo de la Calahorra, Granada

Castillo de Calahorra en Granada Señorío del Cid

 

El castillo de La Calahorra, perfectamente conservado, es una obra destacada del renacimiento italiano que data de 1509.

En sus sótanos aún se conservan los calabozos donde pernoctaban los presos moriscos que se trasladaban a la cancillería granadina.

Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza "El Cid Campeador"

En 1490, conceden el título de señorío de estas tierras al Cardenal Mendoza, que más tarde sería el Marquesado del Zenete. Este presente la fue otorgado como premio a los servicios que el Cardenal prestó a los Reyes Católicos.

Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, primogénito del Cardenal, heredó el título del Marquesado, siendo el primer señor de estas tierras.

El Castillo-Palacio de La Calahorra es fruto del peculiar carácter del Marqués. Éste, además de tener fama de violento, era un tanto mujeriego. Al enviudar de su mujer, quedó prendado de una joven de quince años, a quién raptó y forzó para que se casase con él.

Con la vehemencia habitual del Marqués, mandó construir el Castillo, como regalo a su joven esposa. Su hija fue Mencía de Mendoza, sucedió a su padre a la edad de 14 años como Marquesa del Zenete

Castillo de Calahorra

 

El Cardenal Mendoza, en su búsqueda de prestigio y reconocimiento, trató de establecer una línea de sucesión entre Rodrigo Díaz de Vivar, “El Cid Campeador”, héroe de leyenda conocido por todos, y su vástago.

Cristóbal Colón presentado a los Reyes Católicos por el Cardenal Mendoza

En este intento de manipulación heráldica, el cardenal llamó a su hijo Rodrigo Díaz de Vivar, además de heredar éste el condado del Cid, situado en Jadraque, Guadalajara.

Escudo de Armas de los Mendoza localizado en la portada del Castillo

Tal era el poder del Cardenal y la gallardía demostrada por él en tiempos de guerra, que incluso la Reina Isabel, fiel creyente de la ortodoxia matrimonial cristiana, perdonó sus constantes devaneos amorosos, además de pasar por alto que tenía un hijo.

Escudo de los Mendoza. Fachada principal del Castillo de La Calahorra

Este Castillo-Palacio era capital del Señorío de la familia Mendoza y, por lo tanto, un majestuoso símbolo de su poder.

El Castillo de La Calahorra se encuentra situado sobre una colina, desde la cual se divisa todo el Marquesado de Zenete. Construido entre los años 1509 y 1512 sobre las ruinas de una fortaleza árabe como prueba de la conquista del imperio Nazarí.

Desconociéndose en la actualidad la traza original del edificio, la dirección de obras se encarga en un principio al arquitecto segoviano Lorenzo Vázquez que, por desavenencias con el marqués del Zenete, se traslada al genovés Michele Carlone. Este trabajaría primero en su taller de Génova, desde donde enviaría los mármoles de Carrara ya labrados al puerto de Almería, para posteriormente ejercer la dirección en el propio castillo para inspeccionar el montaje y el trabajo con materiales locales. La Calahorra es considerada la primera obra de envergadura en la que se documenta el trabajo de artistas italianos en España, si bien el diferente origen de los autores que labran sus piezas (lombardos, genoveses y carraresis), explica las diferencias estilísticas en la decoración del inmueble, que no obstante exhibe una sorprendente unidad a diferencia del paralelo ejemplo en el castillo de Vélez-Blanco.

 

 

Este Castillo tiene una importancia artística inenarrable. En él aparecen las primeras huellas del Renacimiento en España.

Su exterior está compuesto por torres con base circular, y no cuadradas como era típico en la edad media. Para acceder al Castillo, tan solo se puede entrar por el muro Este, por una puerta de pequeñas dimensiones, que desemboca en la Sala de Guardias.

Tras cruzar unas pequeñas escaleras, se encuentra el patio, eje central del Castillo, y en el cual confluyen todos los habitáculos del recinto. De forma cuadrangular, se halla dividido en 2 niveles; el nivel inferior destaca por su decoración, con casetones con rosetas, ovas y heráldicas del matrimonio, mientras el superior cuenta con columnas corintias unidas por arcos que no llegan al medio punto, todo ello decorado por instrumentos bélicos de la época.

El estado de conservación de este Castillo es excelente, lo que da buena muestra su consideración con Patrimonio Histórico Nacional.