ORÍGENES Y EVOLUCIÓN DE LA MANUFACTURA TEXTIL EN LA PENÍNSULA IBÉRICA

Los orígenes de la manufactura textil en la Prehistoria Reciente

 

El número de fusayolas en el periodo neolítico peninsular es muy reducido y bastante amplio en sus vecinos, lo que puede indicarnos que aquí el método de hilado fue distinto, hasta la introducción del huso de forma más generalizada, pudiendo realizar el hilado mediante la torsión de las fibras con las manos o la mano y otra superficie (ALFARO 1984:72), o tal vez inicialmente empleando un huso totalmente de madera. Encontramos entre la industria ósea agujas, alfileres y espátulas, que podemos relacionar con la manufactura de textiles (CASTRO 1980:127-129).

En varias cuevas andaluzas se han encontrado los denominados “tensadores textiles” que son unas finas barras óseas con perforaciones a lo largo empleadas para tejer de un modo rudimentario pudiendo hacer pequeñas bandas de tejido, pudieron ser usadas también como complemento del telar de rejilla o bien para la cestería. Ejemplos de estos tensadores textiles los tenemos en la Cueva de El Toro de El Torcal en Antequera (Málaga), en la Cueva del Hundidero-Gato en Benaoján (Málaga) y en la Cueva de la Murcielaguina en Priego de Córdoba (CARDITO 1996:126-127).

Para el Neolítico final tenemos, en algunos yacimientos peninsulares, placas de telar, como en el poblado de Penedo de Lexin en Mafra (Portugal). También en Portugal se encontraron varios crecientes curvos, con perforaciones en sus lados, en el yacimiento de Monte da Tumba en Setúbal de su fase Ia, mientras en el sureste también se documenta alguna pesa de telar, una paralelípeda, perforada en cada extremo, en el yacimiento de Terrera Ventura en Tabernas (Almería) en su Fase I (2850-2550 a. C.), perteneciente a su periodo Neolítico Final, junto a una serie de fragmentos de placas de telar y una completa, junto con  dos  fragmentos  de  cuernecillos  (CARDITO  1996:135-139).

 

Durante el Calcolítico, la presencia de las fusayolas en la Península Ibérica es el testimonio de la penetración y adopción de un nuevo elemento tecnológico que se diseminó por toda la Península. En algunas áreas aparecen en gran cantidad, lo que puede indicar una especialización en el trabajo del textil, e incluso una incipiente división del trabajo, por lo que productos textiles serían elaborados no sólo para consumo doméstico, sino también para el intercambio de bienes, insertos en un circuito de intercambio, que depende de la explotación del medio natural para obtener las fibras textiles (CASTRO 1980:127), como sugieren los porcentajes de animales domésticos de este periodo, donde se encuentra la oveja, y también por la explotación del lino, como podemos ver en yacimientos calcolíticos de la zona portuguesa (EIROA 2000: 426-427; 431).

Instrumentos textiles se asocian, como en el yacimiento de Cabezo Juré situado en Alosno (Huelva), habitado desde los inicios del III Milenio hasta mediados del II Milenio a. C., con cuatro fases de ocupación. En sus zonas de habitación se encontraron objetos de tecnología textil, como fusayolas con forma esférica, y de variados tamaños, cuernecillos de arcilla y objetos realizados en metal, como agujas o alfileres (NOCETE et al 2004:184-186).

Para este periodo podemos ver una clara tipología de formas en las pesas empleadas en el telar, según las áreas geográficas y la fase del Calcolítico a la que pertenezca.

Otro tipo de pesas de telar, muy comunes y abundantes en el periodo del Cobre, son los cuernecillos o crecientes de arcilla, siempre presentando dos perforaciones en sus extremos, su distribución geográfica es amplia desde los poblados del Sureste hasta el Bajo Guadalquivir y Portugal (MAJÓN-CABEZA 1986), muy representados en la Cultura de Los Millares, como vemos en el yacimiento de Terrera Ventura en Tabernas (Almería) (GUSI et al 1991: 181-183).

A parte del telar de pesas también se empleara en este periodo el telar de placas con el que se pueden confeccionar pequeñas bandas de tejido, un tipo de telar móvil con un uso muy extendido en la Península Ibérica durante el Calcolítico, con precedentes en el Neolítico Final. Para la Edad del Cobre es muy frecuente encontrar placas de telar en los poblados, apareciendo también formando parte de ajuares funerarios, en menor medida (CARDITO 1996: 130).

Durante la Edad del Bronce, por los ejemplares de fusayolas estudiadas para este periodo, vemos que estas inicialmente tienen formas esféricas y cilíndricas, siendo grandes y pesadas. Para finales del Bronce sus formas se hacen más variadas y livianas, apareciendo también formas cónicas, troncocónicas, bitroncocónicas y bicónicas con un tamaño más pequeño, y mostrando una mejor elaboración, no sólo en las terminaciones, más cuidadas, algunas decoradas, sino también en las formas de elaborar las fusayolas, con formas más eficientes para la realización del hilado. Esta variabilidad de formas, tamaños y pesos en las fusayolas nos indica un uso de las mismas, dependiendo de su peso y forma, para la realización de determinados grosores de hilos, aptos para realizar distintos tipos de tejidos (CASTRO 1980:137).

En la Cultura Argárica, por las evidencias de objetos relacionados con la manufactura textil y por la diversidad de tamaños en las fusayolas, se confirma una cierta especialización en el trabajo del hilado. En la Cultura del Argar también en las necrópolis, entre sus ajuares, aparecen objetos relacionados con la manufactura textil, como en el yacimiento del Cerro de la Viuda en Lorca, donde se encontraron fusayolas de forma cónica (MAJÓN-CABEZA 1986).

En Jaén, perteneciente al grupo argárico del alto Guadalquivir, en el yacimiento de Peñalosa, situado en Baños de la Encina (Jaén), constatamos la singularidad de una muy buena representación de la actividad textil en sus viviendas, que suelen tener zonas dedicadas a esta actividad, tanto en espacios cerrados como abiertos, encontrándose fusayolas realizadas en pizarra con escotaduras laterales, localizadas en la vivienda VI, en las zonas donde se desempeñaba el trabajo textil VI a y VI g (CONTRERAS et al. 2000: 129-134). Esta vivienda está muy bien estudiada y es una de las viviendas de este poblado junto con las viviendas I, II y III donde se han recuperado evidencias de la manufactura textil (ALARCÓN 2005: 556 - 595;  607).

En este periodo se emplea en la Península Ibérica el telar de pesas, que muestra tipologías de pesas variadas (MAJÓN-CABEZA 1986), siendo el yacimiento de El Argar, situado en Almería, donde se documenta la tipología más variada y completa de pesas de telar. En este yacimiento podríamos pensar en la elaboración de pesas de telar de una forma que no sólo cubriera las necesidades domesticas de una unidad de residencia familiar, para la elaboración de sus tejidos, sino en una fabricación de pesas de telar para su intercambio, idea corroborada por el hallazgo arqueológico de dos hornos para la cocción de pesas de telar in situ en El Argar, que fueron encontrados y dados a conocer por los hermanos Siret (ALFARO 1984: 99-103).

También se documentan pesas de telar en necrópolis, como la del yacimiento de La Encantada en Almería, donde se encontraron pesas de telar en el interior de un edificio de carácter funerario, en cuyo interior se hallaron unas estructuras, interpretadas como mesas de ofrendas o altares, sobre las que se encontraron pesas de telar de arcilla, a modo de ofrendas (MAJÓN-CABEZA 1986).