Las 7 Maravillas de la Antigüedad

Mapa de ubicación de las 7 maravillas del mundo antiguo
<<De septem orbis miraculis>>

Las maravillas elegidas, no rebasaban la zona del Mediterráneo, mundo para ellos conocido, por ello no se incluyen construcciones megalíticas de Asia o de América.
La lista que hoy manejamos, que nos viene dada por legajos de la Edad Media, nos muestra los siguientes, de los cuales solamente uno sigue en pie y de los demás sólo sabemos a través de grabados, escritos, etc.

Las «siete maravillas del mundo antiguo» representan un compendio de las obras arquitectónicas y escultóricas más perfectas del Mundo Antiguo.

Fueron muchos los autores que hicieron una relación de los monumentos y construcciones más bellas del mundo clásico.

Posiblemente esta lista sufriría muchas modificaciones, en cuanto a número y composición, a lo largo de los años.

Se tiene una primera referencia en la «Historia» del griego Heródoto (siglo V a.C.).

El poeta griego Calímaco de Cirene (310 a.C.-240 a.C.) es el autor de «La Colección de Las Maravillas del mundo», aunque desgraciadamente este libro se destruyó en el incendio de la Biblioteca de Alejandría, donde se conservaba, y sólo nos queda constancia del título.

Filón de Bizancio (siglo III a.C.), ingeniero de Alejandría y viajero incansable, al que se atribuye la invención del reloj de agua o clepsidra, fue el primero que decidió poner en una lista las principales siete maravillas que había visto en sus viajes. Las situó en la cuenca mediterránea, el mundo entonces conocido. Filón reflejó sus impresiones en una obra cuyo título latino es «De septem orbis miraculis» de la que sólo nos quedan algunos fragmentos.

“De cada una de las siete maravillas a todos llega noticia por la fama, pero raros son los que con sus ojos las ven. Porque hay que trasladarse a Persia, atravesar el Eúfrates, viajar al Egipto, irse a vivir con los eleos de la Hélade, llegar a Halicarnaso de Caria, navegar a Rodas y contemplar Éfeso en Jonia. Y después de vagar por el mundo, cuando uno está deshecho por el peregrinaje, entonces se cumple el deseo, cuando hasta la vida, con los años, ha dejado de existir. Por eso es admirable y un gran regalo la cultura, porque libra al hombre de caminar, mostrándole lo hermoso en casa y prestando nuevos ojos a su alma. Y lo extraño es esto: el que va a los sitios ve las cosas una sola vez y, después que se marcha, las olvida. Se le pasan por alto los detalles y luego se le van del recuerdo las particularidades. En cambio, el que se informa de un monumento en un tratado, nota los méritos de la ejecución y, al tener delante, como en un espejo, toda la obra de arte, guardas imborrables, uno por uno, los caracteres de las figuras, pues es con el espíritu como ha visto lo maravilloso...”

Filón de Bizancio

El poeta griego Antípatro de Sidón (siglo II a.C.) alaba las siete maravillas en un poema en el que figuraba la Puerta de Ishtar, en las murallas de Babilonia, en lugar del faro de Alejandría.

Representación de la puerta de Ishtar

Puerta de Ishtar en el Museo de Pergamo en Berlín