La Armada Invencible. El gran fracaso: si hubieran embarcado más sentido común...

 Por: Álvaro Van den Brule

La Armada Invencible navegando frente a Cornualles. (Nicholas Hilliard)

La historia de Europa pudo cambiar radicalmente si la empresa hubiera tenido éxito. Pero la 'Armada Invencible' no consiguió su objetivo.

"Quizás, más allá de este leve infortunio que es la vida, el llamado Dios, albergue algo de compasión por su creación humana, y si de reflexión le quedara algo de tal nombre y de esta improbable idea, algo de fundamento le restara; recordarle sea dicho, que siempre acude a nuestras peticiones con demora..."

Anónimo Sr. de Vizcaya en un juramento en la aldea marinera de Elantxobe. Siglo XVI.

Parece ser doctrina imputar las adversas circunstancias por las que pasó la expedición de invasión enviada a Inglaterra en el siglo XVI –definida por la Leyenda Negra como la Armada Invencible– a los buenos oficios de la armada inglesa y al probadamente incompetente –por la enorme documentación que así lo acredita–, Sir Francis Drake.

La realidad objetiva dice que la Armada Invencible no fue derrotada en una batalla. No cabe duda de que poco o nada tuvo que ver la escasa intervención de los marinos ingleses (leer a Kamen o Gibson en sus alusiones a este episodio) pues fue más testimonial que otra cosa su presencia, ya que se redujo a escaramuzas intrascendentes y, de estas, pocos resultados dignos de tal nombre se les puede adjudicar.

Bien es cierto que se ha magnificado hasta el extremo las hazañas de aquellos hombres de mar, a los que sin ánimo de restarles el mérito de combatir en condiciones adversas y en manifiesta inferioridad, contra una de las más potentes flotas de combate que haya surcado los mares hasta la segunda Guerra Mundial, no dejaron de hacer un papel digno. Pero la realidad objetiva dice que la Invencible no fue derrotada en una batalla y sí que sufrió una notable erosión permanente en su marcha hacia el Canal de la Mancha.

Otra cosa bien distinta es asumir que una apuesta de tan alto coste diera tan magros resultados a sus inversores y tanto rédito a sus víctimas. Como a cualquier gran potencia que se precie, a lo largo de la historia los celos y envidia han podido ser el sustrato para alimentar el desprecio y la difamación que hemos padecido este reino del sur. Es difícil despojarse de la sensación de derrota que ha acompañado siempre a las pérdidas, severas eso sí, que afectaron a la Armada Invencible y vincularlo a algo que nunca ocurrió; al menos en la forma en que los ingleses han aprendido y eficazmente han difundido, tal que es el hecho de que fue una derrota militar.

Por ello, hay que recuperar para una más higiénica memoria y para echar fuera lastres de complejos, perspectivas que nos pueden acercar a una realidad más ajustada a lo que ocurrió, ver aquel temerario y audaz episodio no como una derrota si no como un fracaso, del que todavía hoy podemos aprender sin necesidad de flagelarnos.

No es lo mismo vivir diez meses al año viendo como llueve sin parar, que abrir el paraguas las mismas veces para evitarse una tormenta estival. Algunas mentes se vuelven conspicuas y acaban delirando después de tanto "remojo". Eso es lo que les pasa a los ingleses con su épica militar y su peculiar forma de entender la historia, de la cual podríamos llegar a extraer la conclusión de que, a tenor de la lectura de sus libros sobre esta disciplina, han ganado siempre sin despeinarse y ocasionalmente han tenido algunos traspiés. Pues nada más alejado de la realidad.

En otras ocasiones, hemos escrito sobre los correctivos que infligieron a la Unión Jack los Tovar, Mazarredo, Blas de Lezo, Antonio Gutiérrez, Pedro Mesia de la Cerda, y una innumerable lista de ciudadanos de uniforme.

Una apoteosis bélica

El tratado de Tordesillas acordado entre Portugal y España para dividirse “el mundo existente” de aquel tiempo, levantó ampollas entre las coronas europeas que no veían “tajada” por ningún lado. Más “encendidas” se pusieron las testas coronadas, cuando los dos países ibéricos unieron sus destinos y el monopolio de sus conquistas ya no les cabía dentro de los tirantes.

La tropa inglesa tenía un entrenamiento más adecuado para combatir en sus aguas territoriales, además de jugar en casa. Hacia agosto del año 1588 la melé bélica había llegado a su apoteosis. El mar estaba sembrado de velas, galeones y fragatas y no había viento para todas ellas. Existía cierto embotellamiento en la zona del Canal de la Mancha. Entre El Havre y Calais la mastodóntica flota se movía con bastante uniformidad y cohesión, pero los ingleses con hábil pericia habían conseguido llevarla fuera del alcance de sus costas insulares empujándola hacia el mar del norte y ahuyentado de momento el fantasma de la invasión.

Para abordar este proyecto de incursión con garantías, previamente se construyeron las mejores y más marineras embarcaciones pesadas de la época, que, en número de once docenas, se dirigen hacia el norte para invitar a una reflexión a los súbditos de la reina inglesa. Estaban fuertemente artilladas, pero su cadencia de tiro, potencia de fuego y recuperación era muy lenta y la marinería y el mando en general tenía una muy mediocre preparación. Por añadidura, la tropa inglesa tenía un entrenamiento más adecuado para combatir en sus aguas territoriales, además de jugar en casa.

Para entonces, los insulares ya eran consumados protestantes y nosotros estábamos muy obsesionados con la idea de conducirles por el buen camino. Pero para eso, hacen falta elementos de convicción suficientes como para que el supuesto candidato a ser persuadido entienda sin mucha dificultad el mensaje. Y esa era la finalidad de aquella flota.

Dios salve a la reina (católica)

Desde la isla de Wight, situada enfrente de Southampton, era frecuente el hostigamiento a las naves flamencas y castellanas o francesas, según les diera el aire a los piratas locales. Esta situación afectaba profundamente al libre comercio local y, por ende, a la exportación de lana de la Mesta. Hasta que la situación llegó a ser insostenible.

Felipe II tenía claro que había de actuar con celeridad antes de que los isleños consolidaran defensas y desoyó los consejos de sus generales. La idea que se esgrimía para justificar la invasión de Inglaterra no era otra que la de derrocar a Isabel I y reponer al vapuleado catolicismo local representado por la escocesa María Estuardo. El objetivo era desembarcar en algún lugar del Támesis y asaltar Londres sin más preámbulos, pero el mando natural para liderar aquella expedición, el eficaz y expeditivo Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, había fenecido por tifus en un esbozo de mal augurio.

El duque de Medina Sidonia sustituto del fallecido y el sobrino del rey español Alejandro Farnesio, Duque de Parma, experimentado militar en las lides terrestres, habían sugerido en varias ocasiones demorar la salida al mar de la flota al tiempo que mejorar en ese ínterin el entrenamiento de la marinería que, por decirlo de alguna manera, era notoriamente deficiente. Más Felipe II tenía claro que había de actuar con celeridad antes de que los isleños consolidaran defensas. Por ello, desoyó las sabias recomendaciones de sus generales.

Si quizás se hubiera embarcado más sentido común y menos agua bendita otros resultados se habrían dado.

Luchando contra los elementos

El 30 de julio la Armada Invencible se acercaba a las costas de Flandes para embarcar al experimentado ejército de tierra y llevarlo hacia algún lugar situado en el Condado de Kent.

Dos potentes tormentas en pleno golfo de Vizcaya y otra en el tramo de Lisboa hacia mar abierto habían castigado duramente a la flota. Medina Sidonia no era en cualquier caso un marino al uso y sus capacidades en la disciplina de marear eran más bien limitadas como él mismo reconoció con su proverbial honestidad en múltiples ocasiones.

La enconada y a veces heroica defensa que Inglaterra hizo de su insularidad, a través de sus avezados marinos dio al traste con el audaz proyecto de invasión del Marqués de Santa Cruz, Álvaro de Bazán. No hubo en ningún momento una batalla naval digna de tal nombre. La erosión continua de las rápidas y bien artilladas fragatas inglesas conjuraron el peligro de una derrota cantada para los isleños.

El estricto cumplimiento de las ordenes reales de evitar enfrentamientos con los locales priorizando el embarque de los tercios de Requesens, nos haría perder una oportunidad histórica. Hubo un momento de enorme trascendencia que podría haber cambiado el sesgo del enfrentamiento entre las partes. Fue este el lance en el que el vasco Martínez de Recalde, segundo almirante de la flota, propuso al primer almirante, Duque de Medina Sidonia un ataque fulminante a Plymouth, puerto de vital importancia estratégica y en el que estaba literalmente encerrada la flota inglesa. La ventaja dinámica que aportaban los vientos favorables a la flota española y contrarios a los intereses de las velas inglesas podría haber permitido una escabechina de antología, a la par que dejar finiquitado el tema. Al final, el estricto cumplimiento de las órdenes reales de evitar enfrentamientos con los locales priorizando el embarque de los tercios de Requesens, nos haría perder una oportunidad histórica de anular para los restos a aquel incómodo y molesto adversario.

Al final, el rumbo errático de aquella colosal flota bordeando Escocia e Irlanda, entregada al desamparo y orfandad que se aprecia cuando el mar se hace enorme y su hostilidad manifiesta avasalla; las pérdidas materiales incalculables en vidas y navíos más el deterioro de la imagen como potencia, fueron sin duda consecuencia de varios factores, pero lo que es seguro, es que las escaramuzas entabladas entre las partes no dan nombre a una batalla que por su trascendencia deba de pasar a la historia. Ciertamente el cúmulo de diferentes contrariedades sumadas hicieron patente el fracaso de una apuesta que podría haber cambiado el rumbo de la historia.

De un fracaso, una lección

Actualmente, Irlanda mantiene varios cementerios que albergan los restos de aquellos soldados y marinos españoles, cuyas naves, en un número aproximado de cuarenta, encallaron en sus costas del oeste, empujadas por las mareas de septiembre y por vientos de más de cien kilómetros hora y que en ocasiones rozaban el límite de la escala Beaufort. Es justo agradecer a las autoridades celtas su dedicación y atención en el mantenimiento de estos jardines de paz con los que la población local tiene un notable compromiso.

Hay que aceptar que aun intentando hacerlo lo mejor posible se puede cosechar el peor de los resultados. El año 1588 es la delicada frontera que separa los doscientos años anteriores de optimismo ante los éxitos de Castilla por tierra y mar. Todavía, dos siglos después, España, forjada en el laborioso combatir de agotadoras guerras y antes de que desapareciera en la tramoya de los siglos, continuaría manteniendo no sin ciertas dificultades, la hegemonía y de paso, el control de sus conquistas. De este punto de inflexión cabe destacar la enorme producción y creatividad que se experimenta en la construcción de nuevas fragatas y galeones, naves que causaron la admiración de propios y extraños.

De La Armada Invencible, queda decir que la matemática demuestra que en toda apuesta hay un índice de riesgo e incertidumbre imponderable. Son tantas las variables a analizar que escapan a los análisis más sesudos. A veces, hay que aceptar que aun intentando hacerlo lo mejor posible se puede cosechar el peor de los resultados. Todo es provisional e incierto.

Se intentó, que era lo importante. La planificación y la conducción fueron razonables, aunque no óptimas. De aquella experiencia se puede concluir que estábamos y estamos preparados para grandes empresas y que el único sentido de la marcha es ir hacia delante y dejarnos de zarandajas de parvulario.

Recreación del San Martín. Nave capitana de Medina-Sidonia en 1588

Composición y tipos de barcos de la Armada Invencible.

GALEAZA

Galeazas (4 unidades): Puramente militares, eran una evolución de las galeras con un gran potencial de fuego de artillería, con una batería de cañones en cada banda. Desarrollada principalmente para la navegación mediterránea es de propulsión mixta (vela y remo). Sólidas y difíciles de maniobrar.

La galeaza (del italiano galeazza, aumentativo de galea (galera) es un tipo de galera grande que se construyó durante los siglos XV a XVII. La época de mayor utilización fue la segunda mitad del siglo XVI.

Con ellas se pretendía tener una nave con más artillería que las galeras y que soportase mejor la navegación en mar abierto.

 

GALERA

Galeras (4 unidades): En su origen pueden ser de transporte o de combate. Las de combate están especializadas para labores de abordaje. Desarrolladas para la navegación mediterránea.

La galera (del griego medieval γαλέα [galéa]) fue un tipo de barco ampliamente usado por múltiples grupos humanos desde la antigüedad hasta el final de la edad de la vela

GALEÓN

Galeones (20 unidades) : Con capacidad de transporte de mercancías, su misión militar combina las funciones de artillería y abordaje. De diseño estilizado para esa época (más largos que anchos) y diseñados para largas travesías atlánticas. Se trataba de navíos de 3 cubiertas, pudiendo la primera estar por debajo de la línea de flotación; calado reducido y bordas altas para evitar el abordaje.

Un galeón es una embarcación a vela utilizada desde principios del siglo XVI. Los galeones eran barcos de destrucción poderosos y muy lentos que podían ser igualmente usados para el comercio o la guerra. Desde mediados del siglo XVI se convirtieron en el barco de comercio principal de las naciones europeas, y en su diseño se basaron los tipos posteriores de navíos de guerra de pequeño tamaño. El galeón español fue una embarcación bastante respetada.

NAO

Naos (42 unidades): Más redondeada que el galeón, fueron usadas tanto para el transporte como para la guerra y se construyeron tanto para la navegación atlántica como la mediterránea.

La nao es la embarcación que domina la navegación comercial portuguesa de larga distancia a lo largo del siglo XVI. Las “naus da India” son el principal ejemplo de este tipo de navío mercantil de gran envergadura, bien distinto de la carabela por el tipo de velamen y estructura del casco y del volumen de carga transportable. Las naos aparejan velas redondas en el mástil grande y en el trinquete, mientras que en la mesana recurren al velamen latino para auxiliar la maniobra del timón.

CARABELA

Carabelas (10 unidades de avituallamiento): Más pequeñas que las naos y más veloces y marineras que estas. Con 2,3 o 4 mástiles y una sola cubierta. Estas unidades acompañaron en una flotilla aparte, junto a 7 falúas, a la Gran Armada en su salida del puerto de La Coruña.

Una carabela es una embarcación a vela ligera usada en viajes oceánicos en los siglos XV y XVI por Portugal y España. Es particularmente famosa por ser los barcos empleados por Cristóbal Colón en el viaje del descubrimiento de América. 

FALÚA

Falúas (7 unidades de avituallamiento): Embarcación alargada y estrecha a remo y a vela, de uno o dos mástiles.

Una faluca, falúa o falucho​ es un barco de vela pequeño (por lo general, pueden llevar una docena de pasajeros, más un par de personas como tripulación), que puede tener una o dos velas casi triangulares,​ y uno o dos mástiles ligeramente inclinados hacia la proa. 

URCA

Urcas (26 unidades): Barco de carga, redondo y plano con alguna capacidad artillera.

Este nombre podría indicar que fue reforzado para viajar a través del Atlántico. Fue un buque mercante español de 305 toneladas, utilizado por los españoles para el transporte de mercancías entre España y sus colonias en las Américas.

PINAZA

Pinazas y zabras o galeoncetes (11 unidades): Navíos pequeños de propulsión mixta (vela y remo), veloces y ligeras utilizadas sobre todo para misiones de exploración y remolque.

La pinaza era un tipo de embarcación construida totalmente en madera de pino.

Desde el siglo XVI al XVIII la pinaza era una nao de una sola cubierta, popa cuadra y muy poco porte, que arbolaba tres palos: el trinquete con una vela cuadra, el mayor con dos y el de mesana con una vela latina.

Una zabra era un barco de unas 200 tm, propulsado por velas, ideado para llevar mercancías por los océanos, como el Atlántico, y bien armado para defenderse de piratas o corsarios.

Las zabras realizaban la travesía entre América y España en 30 días o menos y podían transportar en sus bodegas unas 100 tm de carga. Estas dos características, rapidez y capacidad de carga, además de su armamento, los convertía en sustitutos ideales de las Flotas de Indias cuando no podían efectuar la travesía anual por falta de tiempo, peligro de ataques enemigos o alguna otra causa.

 

 

PATACHE

Pataches (20 unidades): Los llamados barcos correo. Pequeños y ágiles.

Un patache es un tipo de embarcación de vela con dos palos, muy ligera y de poco calado, una especie de mezcla entre un bergantín y una goleta, que en sus inicios fue un barco de guerra, estando destinado a la vigilancia e inspección de las costas y puertos normalmente supeditada a otra embarcación de más importancia o tamaño, y también para viajes transpacíficos, aunque posteriormente se utilizó para fines civiles o de aprovisionamiento y que solía ser de unas 30 toneladas. 

Bibliografía

La Invencible y su leyenda negra. Antonio Luis Gómez Beltrán. Ed. Arín 2013 Editores (2013)

La Gran Armada. Collin Martin y Geoffrey Parker. Ed. Planeta (2011)

La Gran Armada 1588. Collin Martin y Geoffrey Parker. Ed.Alianza Editorial (1988)

La Batalla del Mar Océano. Varios autores. Ministerio de Defensa-Armada Española 2014

31 de julio, domingo. El primer encuentro de las dos flotas en Plymouth

Las flotas inglesa y española valoran sus tácticas de ataque, se observan y se ordenan en posiciones de combate.

La Armada Invencible, que en este día cuenta con una formación de 121 naves, adopta su formación en tenaza. La flota inglesa queda dividida en dos formaciones.

A modo teatral, el almirante inglés Lord Howard dispara los cañones del «Disdain» a gran distancia retando a los españoles.

Se suceden las escaramuzas y ataques entre las dos flotas que se saldan con 7 muertos y 31 heridos por parte de la flota española y el galeón San Juan con la rotura del trinquete de gavia. Nada sabemos con certeza de los daños en la flota inglesa (que se retira colocándose a unos 3 kilómetros de la española), aunque fuentes españolas cifraban en dos las naves perdidas por los ingleses.

Los ingleses no estaban dispuestos a acercarse mucho a la Gran Armada y mientras que Drake señaló después de esta batalla “hemos ido a su caza”, el almirante Howard lo describió como “un pequeño combate” en el que “no podíamos arriesgarnos a situarnos entre ellos siendo tan potente su flota”.

Dos accidentes sacuden, sin embargo, la flota española. Primero la nao “Nuestra Señora del Rosario” embiste a otra de su misma escuadra, la “Catalina” que debe retirarse de la formación para ser reparada, quedando la “Nuestra Señora del Rosario” ingobernable, abandonada a su suerte y a la merced de los ingleses que la capturarán al día siguiente.

Por otro lado, la nao almiranta de la escuadra de Guipúzcoa, el “San Salvador” sufre una explosión de barriles de pólvora por causa desconocida que provoca el desplome de sus dos cubiertas, el castillo de popa y la destrucción de la nave, produciéndose alrededor de 200 bajas en la tripulación.

1 de agosto de 1588, lunes.

Los ingleses atrapan a la “Santa María del Rosario” junto a toda su tripulación y su almirante Pedro de Valdés, que permanecería preso en la Torre de Londres durante siete años.

La mayor parte de los heridos y quemados del “San Salvador” fueron trasladados al buque hospital de la Gran Armada, el “San Pedro”, mientras que no se pudieron rescatar a los más graves que permanecían allí (alrededor de 50) cuando sir John Hawkins capturó los restos de el “San Salvador” e intentó trasladarlos hasta Weymouth, pudiendo rescatar los cañones y la pólvora que habían sobrevivido al accidente antes de que el barco se hundiera definitivamente en su traslado.

La Armada Invencible queda reducida, con las dos últimas bajas a 119 naves.

Se manda un patache con destino a Dunquerque para dar un nuevo aviso a Alejandro Farnesio.

2 de agosto de 1588, martes. El encuentro de Portland Bill.

Con buen tiempo y con ambos ejércitos buscando los vientos favorables, se producen encuentros frente a Portland Bill en los que los españoles intentan la aproximación para el abordaje, mientras que los ingleses son más partidarios de utilizar la artillería y no enzarzarse.

Algo más al oeste, las galeazas dirigidas por D. Hugo de Moncada se enfrentan a cañonazos a seis barcos ingleses, entre ellos el poderosamente armado “Triumph”, estando cerca de poder abordarlo. La indecisión de D. Hugo de Moncada sería más tarde reprendida por el duque de Medina Sidonia.

Mientras tanto, el Almirante Howard consigue con varios galeones una muy buena posición en la retaguardia de la Gran Armada, intercambiando fuego con los españoles que, sorprendidos, se amontonan sin orden. Medina Sidonia se destaca con su maniobra enfrentándose en solitario a la flotilla inglesa hasta que es ayudado por la “Santa Ana” de Oquendo, momento en el que Howard ordena la retirada, después de haber disparado más de 500 proyectiles a la “Santa Ana”, mientras que este último apenas pudo disparar 80 en este combate desigual.

Los ingleses han podido incluso abordar la “Santa Ana”, pero no es lo que quieren; prefieren castigar con fuego de artillería, y evitar abordar y ser abordados.

En contra de lo que puede parecer, los daños ocasionados entre ambos ejércitos son mínimos, de lo que se lamenta Hawkins al haberle costado “buena parte de nuestra pólvora y proyectiles”. Su elogiada artillería se está demostrando ineficaz a distancia segura para evitar ser abordados por los españoles.

Medina Sidonia reorganiza la formación táctica de la Armada Invencible siguiendo el criterio de Recalde pues los ingleses no pretenden “pelear, sino entretenernos para impedirnos el viaje”.

Las bajas españolas de la jornada se cifran en 50 muertos y 60 heridos, las inglesas se desconocen.

Llega a Dunkerque la primera pinaza informativa que partió del grueso de la Armada el 25 de julio.

La Armada Invencible continúa su viaje hacia el este; se unen más barcos a la flota inglesa.

3 de agosto, miércoles. El encuentro frente a St. Adhelm

La flota inglesa de Isabel I ha repuesto sus stocks de munición con la inclusión del material procedente de los dos barcos españoles apresados.

La urca “Gran Grifón” ha quedado algo retrasada del grueso de la flota, circunstancia que aprovecha la flotilla de Drake para alcanzarla y someterla a un fuego desproporcionado. En su cubierta los soldados se mantienen firmes en sus puestos esperando que algún barco inglés se ponga a su alcance para ser abordado.

Medina Sidonia manda acudir a su rescate provocando la huida de la flotilla de Drake.

Los españoles han sufrido unas bajas de 70 hombres muertos y 60 heridos. Se decide mantener al menos 40 naves armadas en la retaguardia y seguir el avance, mientras que los ingleses, ante su probada ineficacia ante la organización táctica española reordenan su flota en cuatro escuadras: Howard, Drake, Hawkins y Frobisher.

La Armada Invencible navega en dirección a la Isla de Wight.

4 de agosto de 1588, jueves. El encuentro en la Isla de Wight

La falta de viento obliga a los barcos armados tanto ingleses como españoles a ser remolcados por embarcaciones de remo en sus escaramuzas de ataque y defensa.

Se llegan a producir enfrentamientos que varían en su intensidad y en su curso; mientras que en ocasiones el escaso viento favorece a algún navío español, otras veces lo hace a otro inglés. Un último ataque inglés, efectuado posiblemente por Drake desequilibra a la Gran Armada, alejándola del estrecho de Solent, que separa Inglaterra de la Isla de Wight.

Se disparan unos 3.000 cañonazos entre las dos armadas ese día. Las bajas españolas ascienden a 50 muertos y 70 heridos. Las inglesas, como ya hemos podido observar anteriormente, no son contabilizadas

5 de agosto de 1588, viernes.

Día sin apenas viento y con ambas armadas separadas por dos millas, siendo perseguida la Armada española a distancia.

6 de agosto de 1588, sábado. La Batalla de Gravelinas

La Armada Invencible continúa navegando, llegando sobre las 16 horas a las inmediaciones de Calais donde fondean. El Duque de Medina Sidonia manda una embajada de amistad al gobernador francés de la ciudad.

Mientras, la flota inglesa fondea a unos 3 kilómetros de la española y recibe el refuerzo de 36 barcos, el Escuadrón del Canal comandado por Seymour. Sir William Winter propone esa noche la idea de utilizar brulotes (naves incendiarias, cargadas de pólvora, que se aproximan a las enemigas bien sin tripulación si la corriente es favorable, o bien mínimamente tripuladas y que se inflaman con el tiempo justo para ser abandonadas).

7 de agosto de 1588, domingo.

La pinaza enviada el 25 de julio con un mensaje para el Duque de Parma regresa con noticias. Alejandro Farnesio puede tener sus fuerzas listas en seis días, toda una eternidad en aquella situación.

Teniendo que esperar, Medina Sidonia ordena que unidades de la escuadra de pataches y zabras se coloquen entre el fondeadero inglés y el español a fin de prevenir el ataque con botes incendiarios. Una señal más de que Medina Sidonia, en contra de su mala fama, adoptó decisiones correctas en numerosas ocasiones a lo largo de la empresa de Inglaterra.

8 de agosto de 1588, lunes.

Pasada la medianoche se produce el ataque con brulotes de la armada inglesa. 8 barcos que han sido dejados a favor de la corriente.

La flotilla destinada a evitar este ataque consigue desviar a dos naves y se da orden desde la flota española de levar anclas o de cortar amarras para evitar a los brulotes con la condición de volver pasado el peligro al mismo puerto de fondeo, algo que resultará imposible por las fuertes corrientes del lugar.

Algunas naves chocan entre sí en la maniobra (la galeaza “San Lorenzo” y la nao “San Juan de Sicilia”), otras naves maniobran para evitar los bajos fondos de la costa de Flandes quedando dispersas. La “San Lorenzo”, ingobernable después de su accidente, queda escorada y sin defensa a la altura del castillo de Calais. La nave no se rindió hasta la muerte en combate del general Hugo de Mendoza y no pudo ser saqueada por los ingleses al interrumpir los franceses dicho saqueo.

Con la llegada de la flota inglesa al completo, compuesta de al menos 153 embarcaciones, comienza una batalla confusa por su dispersión en el espacio y tiempo.

Son 5 barcos españoles (el “San Martín”de Medina Sidonia, el “San Juan” de Recalde y el “San Marcos” de Peñafiel y dos galeones de la Escuadra de Portugal) los que harán frente en un principio a la totalidad de la flota inglesa mientras que los pataches y zabras se encargan de recuperar las naves dispersas.

Poco a poco, la cortina defensiva española va creciendo y aumentando su capacidad de fuego. Las naves inglesas, muy superiores en número pueden acorralar a naves solitarias españolas que tienen que socorrerse mutuamente en repetidas ocasiones.

Los daños ocasionados por la armada inglesa son cuantiosos. Aunque sólo un barco español es hundido en el combate, el “María Juan”, otros han sido seriamente dañados y 3 de ellos el galeón “San Felipe”, el galeón “San Mateo” y la galeaza “San Lorenzo” terminarán encallados en las costas cercanas.

Otras naves quedan también castigadas y deberán de ser reparadas en el mar para continuar la navegación. La moral de la Armada sigue, no obstante, alta. Una nave italiana (probablemente la “Regazona”) es vista por los ingleses chorreando de sangre y tres horas más tarde en su puesto de combate. Las cifras de bajas españolas son de más de 600 muertos y más de 800 heridos. Se ocultan, una vez más, las cifras de la armada inglesa y, aunque hablaron de solamente 100 fallecidos, un despacho de la reina de Inglaterra se habla de que “28 bajeles muy mal tratados y a Pechelingas (Flesinga) treinta y dos y en peor orden y con poca gente y que era muerta otra mucha muy particular y su piloto mayor; y que la Reina había hecho publicar un bando que nadie fuese osado en todo su reino a decir el suceso (éxito) de la Armada”.

9 de agosto de 1588, martes.

Ahora la Armada Invencible está dispersa. Medina Sidonia intenta recomponer la Armada lanzando los tres cañonazos reglamentarios de convocatoria, pero nadie da respuesta a su señal. Al parecer, algunos piensan que es mejor el “sálvese quien pueda”. Una vez reunidos los capitanes de los barcos más cercanos son llevados a bordo del “Santa Ana” y varios de ellos acusados de traición. Finalmente será ahorcado D. Cristóbal de Ávila y su cuerpo expuesto en un patache con el objeto de restablecer la disciplina de la flota. Uno de los también condenados a muerte, pero cuya sentencia no fue ejecutada finalmente, fue el capitán Francisco de Cuéllar, protagonista de uno de los documentados relatos más increíbles que tenemos de la historia de la Armada Invencible.

Con riesgo de encallar en los bajos de Flandes, la Armada Invencible no ha podido reorganizarse del todo. Aparece de nuevo la flota inglesa a una distancia de unos 3 kilómetros con unos 109 barcos (recordemos que el día anterior prestaron batalla 153 de ellos, señal evidente de que habían sufrido también numerosos daños).

Por la tarde, en un nuevo consejo de guerra convocado por el Duque de Medina Sidonia, se valora volver de nuevo hacia Flandes o bien volver a España por el Mar del Norte. Los oficiales presentes deciden volver a intentar la conexión con el Duque de Parma, algo que el viento y la marea harían muy pronto inviable.

10 de agosto de 1588, miércoles.

La decisión ahora de volver a España aparece en el diario de Recalde el 10 de agosto de 1588.

Comienza el racionamiento de alimentos para soportar una navegación larga.

La Armada Invencible continúa navegando hacia el norte y la inglesa de, vigilante, continúa siguiéndola.

Medina Sidonia ordena arriar las velas y esperar a la flota inglesa para entablar un nuevo combate. Los ingleses también bajan sus velas para frenar su acercamiento y evitar un enfrentamiento.

11 de agosto de 1588, jueves.

La Armada continúa avanzando al norte por el viento. Los ingleses continúan rechazando cualquier posibilidad de entrar en combate.

12 de agosto de 1588, viernes.

La flota inglesa abandona la persecución por falta de alimentos y munición.

13 de agosto de 1588, sábado.

La Armada Invencible arroja por la borda el contingente de animales de tiro y carga para ahorrar agua en el viaje de regreso.

Se dan las instrucciones de retorno, con especial énfasis de no acercarse a las costas del oeste de Irlanda, de las que no existen todavía planos detallados.

15 de agosto de 1588, lunes.

La Armada Invencible es ahora una flota en demanda de puertos españoles. Se da la orden de avanzar cada nave a su máxima velocidad posible, aun a riesgo de separar la flota.

18 de agosto de 1588, jueves.

El Lord Almirante Howard y Drake desconocen los planes de la Armada Invencible, pensando que pueden dirigirse a Noruega o Dinamarca con el objetivo de regresar, aunque ya consideran la situación controlada.

21 de agosto de 1588, domingo.

La Armada Invencible entra en el Atlántico Norte. Don Baltasar de Zúñiga es desembarcado en las Islas Shetland con órdenes de navegar en un patache lo más rápido posible a España para avisar de la llegada de la flota, para que se preparen los necesarios avituallamientos y para que se informe al Rey Felipe II de un total moderado de bajas a bordo (tres mil enfermos y heridos) y del total de 112 barcos que regresan, de los cuales 93 llegarán por fin a España.

31 de agosto de 1588, miércoles.

Felipe II recibe una carta del Duque de Parma donde le informa del fracaso del enlace de sus tropas con la Armada Invencible.

Septiembre de 1588. La epopeya de La Armada Invencible en Irlanda

Será a partir de septiembre donde se produzca la epopeya de la Armada Invencible en Irlanda, donde unos 20 barcos naufragaron en una situación climática increíblemente extraordinaria en sus costas, produciéndose miles de víctimas y situaciones tanto épicas como dramáticas.

Esta sucesión de naufragios durará hasta finales del mes de octubre para los barcos más rezagados de la flota, mientras que componentes más avanzados habían entrado ya a La Coruña el 18 de septiembre de 1588, un mes y medio antes del último naufragio de la Armada Invencible, el de la galeaza “Girona” el 28 de octubre.

13 de octubre de 1588, jueves.

Felipe II manda circular una carta a los prelados del reino para que cesen los actos religiosos y rogativas que se venían haciendo en favor de la Armada Invencible y se diese gracias a Dios «porque no fue peor el suceso».

Las consecuencias de la Armada Invencible

El episodio de la Armada Invencible hay que considerarlo como un suceso más dentro de la guerra anglo-española que se resolvió con la firma de la paz en 1604.

Aunque España pudo considerarlo un fracaso al no lograr su objetivo e Inglaterra un éxito al evitar la táctica y salvar la isla de la invasión española, lo cierto es que militarmente no hubo vencedores ni vencidos en los episodios de la Armada Invencible. Solo la propaganda inglesa, que vendió este fracaso estratégico español como una gran victoria y la propia leyenda negra alimentada por los mismos españoles, hizo pasar a este episodio histórico como una gran derrota.

Podríamos decir que el fracaso en su consecución no hizo más que alargar una guerra en la que los dos contendientes se vieron incapaces de lograr una victoria militar lo suficientemente importante como para declararse vencedores.

Tras el fiasco de la Armada Invencible los ingleses sufrieron un contratiempo mucho mayor que este con el fracaso estrepitoso de su Contra-armada o Armada Invencible Inglesa de 1589, una expedición que pretendía eliminar los remanentes de la Gran Armada Española atracados en sus puertos y el desembarco en Lisboa (por entonces española) y que culminó con la total derrota inglesa y la muerte del 70% de los ingleses participantes en la contienda (unos 5000 hombres).

Poco después, desde 1595 hasta principios de 1596, la expedición de Drake y Hawkins que pretendía la conquista de Panamá y establecer un puerto inglés en las Indias españolas fracasó estrepitosamente llevando a la muerte a los dos famosos comandantes ingleses.

Tras este fiasco las tornas se volvieron absolutamente favorables a España que demostró lo difícil que sería vencerlos en un territorio que conocían perfectamente y al que ya estaban totalmente aclimatados.

La paz de 1604 vino solo a petición de los ingleses, mientras España remontaba una crisis pasajera de la que se recuperó plenamente en esos años y fue totalmente ventajosa para el Imperio Español ya que Inglaterra renunciaba a tratar con piratas holandeses, a atacar barcos españoles en América, se obligaba a abrir el Canal de la Mancha a la flota española y otras prebendas.

Hacia 1625 España estaba totalmente recuperada y vivió una época de victorias militares recuperando Salvador de Bahía, el socorro de Génova, la defensa de Cádiz y Puerto Rico, la conquista de Breda…

Durante estos años, la flota española de las Indias, con sus idas y retornos constantes propició un aprendizaje constante y un desarrollo tecnológico como el uso de la fundición de hierro para la artillería o el uso de la fragata (mezcla de galeón y galera).

Ruta de la Armada Invencible

Nota: La escala de Beaufort de la fuerza de los vientos es una medida empírica de la intensidad del viento basada principalmente en el estado del mar, de sus olas y la fuerza del viento.

Número de Beaufort

Velocidad del viento (km/h)

Nudos (millas náuticas/h)

Denominación

Aspecto del mar

Efectos en tierra

0

0 a 1

< 1

Calma

Despejado

Calma, el humo asciende verticalmente

1

2 a 5

1 a 3

Ventolina

Pequeñas olas, pero sin espuma

El humo indica la dirección del viento

2

6 a 11

4 a 6

Flojito (Brisa muy débil)

Crestas de apariencia vítrea, sin romper

Se caen las hojas de los árboles, empiezan a moverse los molinos de los campos

3

12 a 19

7 a 10

Flojo (Brisa Ligera)

Pequeñas olas, crestas rompientes.

Se agitan las hojas, ondulan las banderas

4

20 a 28

11 a 16

Bonancible (Brisa moderada)

Borreguillos numerosos, olas cada vez más largas

Se levanta polvo y papeles, se agitan las copas de los árboles

5

29 a 38

17 a 21

Fresquito (Brisa fresca)

Olas medianas y alargadas, borreguillos muy abundantes

Pequeños movimientos de los árboles, superficie de los lagos ondulada

6

39 a 49

22 a 27

Fresco (Brisa fuerte)

Comienzan a formarse olas grandes, crestas rompientes, espuma

Se mueven las ramas de los árboles, dificultad para mantener abierto el paraguas

7

50 a 61

28 a 33

Frescachón (Viento fuerte)

Mar gruesa, con espuma arrastrada en dirección del viento

Se mueven los árboles grandes, dificultad para caminar contra el viento

8

62 a 74

34 a 40

Temporal (Viento duro)

Grandes olas rompientes, franjas de espuma

Se quiebran las copas de los árboles, circulación de personas muy difícil, los vehículos se mueven por sí mismos.

9

75 a 88

41 a 47

Temporal fuerte (Muy duro)

Olas muy grandes, rompientes. Visibilidad mermada

Daños en árboles, imposible caminar con normalidad. Se empiezan a dañar las construcciones. Arrastre de vehículos.

10

89 a 102

48 a 55

Temporal duro (Temporal)

Olas muy gruesas con crestas empenachadas. Superficie del mar blanca.

Árboles arrancados, daños en la estructura de las construcciones. Daños mayores en objetos a la intemperie.

11

103 a 117

56 a 63

Temporal muy duro (Borrasca)

Olas excepcionalmente grandes, mar completamente blanca, visibilidad muy reducida

Destrucción en todas partes, lluvias muy intensas, inundaciones muy altas. Voladura de personas y de otros muchos objetos.

12

+ 118

+64

Temporal huracanado (Huracán)

Olas excepcionalmente grandes, mar blanca, visibilidad nula

Voladura de vehículos, árboles, casas, techos y personas. Puede generar un huracán o tifón