LA CABALLEROSIDAD ESPAÑOLA

Con la Legión iba siempre la cantina y al frente de ella, un viejo matrimonio francés acompañados de una bella nieta, y huérfana.

Constituía para los dos viejecitos toda su ilusión y por ella se sacrificaban en aquellas jornadas siempre inquietantes y peligrosas.

La joven, de singular belleza era adorada por los "locos" y respetada como algo divino. Ella unía a su gracia, una dulzura de carácter y una ternura de hermana, para todos aquellos que la vida había arrastrado a formar en fuerzas legionarias y para todos había una sonrisa, una palabra de aliento y les susurraba al oído alguna frase que les recordara sus deudos, a sus más caros cariños. Sabía la vida de todos y a todos les recordaba los deberes para con sus padres y hermanos, y les anunciaba la pronta liberación.

Dichosa de encontrarse segura con sus "locos" amigos, sufría el tórrido calor y la falta de agua, soñando que algún día tendría la recompensa en un hogar feliz.

No tardó mucho en perder la alegría y la dicha de verse venerada y respetada su doncellez y no sería ningún "loco" el que la turbara, no, habría de ser un compatriota suyo y, además, un compatriota que tenía un poder omnímodo en aquellas soledades.

Había llegado el Capitán de la Mer para ponerse al mando Ge la Legión y tan pronto la vio, se enamoró locamente de ella.

La acosó, cuando la solicitud fue rechazada y emplazó a sus abuelos a que se la entregaran por esposa, por las buenas o por la fuerza. Los viejecitos accedieron, pero ella se resistía a casarse con un hombre, que tenía treinta años más que ella.

Llorosa contó sus cuitas a sus hermanos, los "locos" del desierto y pronto, un extremeño encuentra el medio de evitarlo.

-      Tiene una foto? le pregunta.

-    Si, contesta la cantinera.

-    Pues déjamela porque con ella, encontraremos la libertad para ti. Te advierto, que ello te costará la más grande humillación, pero saldrás tan pura como hasta aquí lo has sido.

Si tienes confianza en tus "hermanos" tráetela y déjanos hacer.

Bien pronto apareció con su foto, la más reciente y donde sus diez y ocho años acusaban la singular belleza y las formas plenas de su hermosura.

- Aquí la tienes hermano mío!, hacer cuanto queráis. porque sé que como hermano defenderéis mi doncellez y mi vida.

Al caer la tarde el hidalgo extremeño, reunió a todos sus compañeros y les dijo: El honor de nuestra hermana está en peligro, nuestro capitán la quiere, la quiere por las buenas o por las malas y nosotros debemos de evitar este atropello. Yo tengo una idea.

Para ello, os he reunido aquí. Tatuar en nuestro pecho la imagen de nuestra hermana y mañana cuando el capitán pase revista, vera que todos llevamos la imagen tatuada junto a nuestro corazón. De lo demás me encargo yo.

Los polacos y algunos belgas se resistieron, pero la amenaza de los españoles los hizo acceder al sacrificio más original que se ha visto.

La obra se empieza, y ya cuando el sol hacía su aparición, nuestros doscientos cincuenta locos llevaban en el lado derecho de su pecho la imagen tatuada de la bella cantinera.

En el desierto no llevaban más ropa que un pantalón corto y el busto desnudo.

La hora de formar es anunciada y nuestros hombres todos fueron revistados por el capitán.

Bien pronto se apercibió de que "aquello" no lo tenían el día antes y su asombro fue mayor, cuando vio que todos eran iguales y que además era la imagen de su cantinera.

- ¿Qué burla es esta? - preguntó desconcertado.

El extremeño se adelanta y le dice: Sr. capitán, la imagen de la cantinera que llevamos en nuestro pecho, es un recuerdo que queremos tener de la mujer, que, en la soledad del desierto, nos dio a todos el amor y las caricias y como todos hemos gozado de ella, la queremos llevar por nuestra vida en nuestro pecho, como homenaje al más grande placer que hemos recibido

- ¿Así que todos habéis gozado de su amor? - preguntó el capitán.

- ¡Si! mi capitán todos sabemos de su amor.

No hay que pensar la reacción que se produjo en el Capitán de la Mer.

Bien pronto, los compromisos con los dos viejos quedaron rotos y la doncella libre de la tenaz persecución.

Así, liberaron los "locos" del desierto a la bella cantinera de la Legión y hoy, sus sueños de crear un hogar se han visto realizados allá en Túnez, casada a su gusto y dueña de un restaurante, vive feliz, la única mujer que puede proclamar que su imagen es ostentada en el pecho de 250 hombres, que sirvieron a Francia en la Legión en las desérticas dunas del anti-atlas.