Cortés no quemó los pies de Cuauhtémoc

El golpe final se dio: Cuauhtémoc fue detenido cuando huía en una panga; intentaba ir a Ichcateopan para regresar con guerreros de aquella zona; recuperar a Mencía y enviarla a aquellas tierras y recuperar la ciudad.

Cuando Mencía se enteró que Cuauhtémoc estaba vivo, después de la sangrienta batalla, se regocijó. Aunque prisionero, ¡estaba vivo! y que Hernán Cortés protegía su vida, se arrodillaría ante el conquistador y pediría el perdón para su amado.

Le propondría al rey mexica apartarse de todo y vivirían juntos el resto de sus días en algún lugar alejado del dominio de la Corona Española.

Julián de Aldrete llegó a México como Tesorero del Rey y le dijo a Cortés:

-Que he sabido que tenéis el tesoro de los mexicas y que habéis escondido tales riquezas. De ser así, ¿estáis consciente que habéis cometido una grande falta al rey? Se paga con la horca.

Violento, Cortés se incorporó y en tono impulsivo reprochó: ¡voto a Judas...! Vuestra acusación es infame, traedme al calumniador, que compruebe el infundio o mi espada atravesará su cuerpo, no he tenido charla alguna en tal sentido con “Guatemuz”, mi lealtad al rey está más que probada.

-Entonces ¿por qué protegéis al indio? Enterado estoy que habéis ordenado que él y otros gocen de gran seguridad en vuestra propiedad de “Cuyuacan” y a sus familiares les habéis dado garantías enviándoles a destino desconocido.

- ¿Ignoráis acaso la orden de nuestro rey que Dios bendiga? ¿Olvidasteis que es obligación de todos de protegerlos en sus vidas? Los ánimos de muchos soldados arden aún, no pocos perdieron padres, hermanos, primos y amigos y desean venganza.

-Luego entonces, dejadme hablar con “Guatemuz” y su compañero; a mi manera, obtendré de su voz dónde está el codiciado tesoro mexica que debe ser cuantioso, explotaron a casi 50 reinos; oro, perlas y piedras preciosas llegaban a raudales desde tierras lejanas a las arcas del palacio… Este tesoro debe partir a la Madre Tierra y el rey se regocijará con el envío.

-Haced lo que os venga en gana, pero mucho os apreciaría que me enterara de dónde proviene semejante mentira en mi contra, pues en respeto a vuestra investidura no os obligo a decírmelo, pero sabed que indagaré y hay de aquel que sea el responsable del embuste.

Y para dar certeza a sus palabras, Cortés acompañó a Aldrete a Coyoacán, entraron a un cuarto oscuro sólo iluminado por un delgado rayo de luz que se filtraba por una de las ventanas en lo alto de las gruesas paredes, donde estaban en calidad de prisioneros Cuauhtémoc y Tetlepanquézatl.

Les esperaba una larga jornada de torturas y la quema de sus pies y manos por parte de Julián de Aldrete. Cortés por lo tanto no fue el autor intelectual, tampoco dio la orden, solo lo consintió, así que no es como la narra la historia negra de México.

El Historiador Francisco López de Gómora, quien nunca pisó estas tierras y se limitó a escribir desde España, sostiene en su obra “Historia de la conquista de México” que el “señor” (Tetlepanquézatl) que acompañaba a Cuauhtémoc le rogó que lo dejara hablar y así terminar con el tormento, El Tlatoani, mirándolo con desprecio, sólo le preguntó: “si estaba él en algún deleite o baño”.

En cuanto a la versión que asegura que Cuauhtémoc preguntó: “¿acaso estoy yo en un lecho de rosas?, proviene de la ficción. Nació en la novela “Los mártires del Anáhuac”, del escritor y político mexicano Eligio Ancona, quien lo publicó en 1870.

Cuauhtémoc murió ahorcado por orden de Cortés el 28 de febrero de 1525. El lugar, el actual Tabasco. El cargo “Conspiración”.