Piedras del Hambre

Una de las piedras que aparecieron en la República Checa. (AP Photo/Petr David Josek)

"Cuando me veas, llora": los temibles presagios que dejaron nuestros antepasados en las piedras del hambre

Muy pocas veces en la historia se dejan ver las que muchos conocen como “las piedras del hambre”. Sucede cuando la sequía en Europa se acrecienta, cuando los campos no tienen de dónde alimentarse y cuando el nivel de los ríos desciende de manera dramática.

Cuando todo esto ocurre, las aguas bajan y sobresalen unas enormes piedras talladas por nuestros antepasados en plena Edad Media, cuando el ser humano vivía exclusivamente de la agricultura y la ganadería.

La sequía que sufre el río Elba permite ver las llamadas “piedras del hambre” que muestran antiguas marcas de hidrológicas que indican los niveles del río durante las sequías registradas en otras épocas. EFE/ Filip Singer

Con tristeza, atemorizados ante una inminente hambruna y su consiguiente epidemia, estos hombres metieron los pies en la poca agua que quedaba y se dedicaron a grabar sobre la piedra de enormes rocas ubicadas en el lecho de los ríos contundentes mensajes que ellos sabían que estaban legando a la posteridad.

“Si vuelves a encontrar esta piedra, llorarás”, dice una de las rocas, encontrada en un lugar remoto de Alemania. “Así de baja estuvo el agua en 1417”.

Época sin agua es época de hambre; esto es algo que el ser humano sabe desde tiempos inmemoriales. Entonces se le achacaba la tragedia a un maleficio o a una mala mirada de los dioses, pero hoy se sabe que el cambio climático lo mismo provoca grandes inundaciones, que hace desaparecer las lluvias durante demasiado tiempo.

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Nuestros antepasados sufrían con ello, y estas piedras son una muestra de su angustia. Ahora estas piedras del hambre (Hungerstein) están de vuelta, sobre todo en Europa Central. En la República Checa, en varios puntos del lecho del río Elba, cuyo nivel ha bajado a apenas 47 centímetros en los últimos días, ha sido avistada una docena de estas piedras, de acuerdo con un reporte de Associated Press. También hay otros en el Rin, el Mosel, el Mündesee o el Weser.

“Cuando me veas, llora”, dice uno de estos mensajes, hallados en la ciudad checa de Děčín. “Antes lloramos. Ahora lloramos. Tú también llorarás”, advierte otro. “Los que una vez me vieron, lloraron. Los que me vean ahora también llorarán”, anuncia un tercero. Todas estas expresiones tienen mucho de amargura, pero también de advertencia: porque si se dan las condiciones para que estas rocas asomen ante nuestra mirada es porque algo no muy bueno está ocurriendo.

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Y no se equivocaban nuestros ancestros. Según un reporte de France-Presse, la actual sequía en el norte de Europa no solo ha traído consigo temperaturas récord e incendios forestales, sino también importantes amenazas para la producción local de alimentos. Además de estos males, las autoridades de Alemania han tenido que prohibir la circulación de los barcos comerciales por el río Rin.

En Suecia, Alemania y los Países Bajos -precisa también la AFP- se espera que la cosecha de granos se reduzca entre 30% y 60%, dependiendo de la región, al tiempo que las zonas rurales de Inglaterra y Francia también podrían verse significativamente afectados.

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Tan grave es la situación en Alemania, que el gobierno de la canciller Angela Merkel se apresta a destinar una partida de 340 millones de euros para indemnizar a los agricultores ante lo que ya considera como una catástrofe natural.

De manera que hay que tomárselo en serio. Según esta última nota, la ausencia de agua y la falta de alimentos que ella conlleva obligaría a muchos agricultores del norte de Europa a tener que “enviar gran parte de sus rebaños al matadero”.

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Así que no se recomienda subestimar estos mensajes que fueron labrados sobre estas rocas, de acuerdo con los estudiosos, entre 1417 y 1616.

Aunque en la actualidad los sembradíos ya no dependan exclusivamente de los ríos naturales, aunque el ser humano haya concebido represas para almacenar el agua y aunque se ejecuten trasvases faraónicos desde otros puntos menos afectados del continente. Porque esas piedras medievales llevan mucho de razón, pero sobre todo porque a fin de cuentas seguimos siendo los mismos de hace seis siglos.

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