Acerca de los cántabros

Pueblo de montaña de origen celta que habitó la actual Cantabria y norte de Burgos, Palencia y León, centran la atención de los historiadores romanos con el comienzo de las Guerras Cántabras en el 29 a. C, pero otras fuentes clásicas anteriores ya los mencionan como aliados de los Vacceos en el siglo II a. C y como mercenarios del lado cartaginés en la II Guerras Púnica a finales del III a. C.  Hoy en día la arqueología nos ayuda a completar y mejorar la visión de las fuentes clásicas y los restos de sus castros fortificados nos acercan a su modo de vida y sitúan su origen en la Edad de Hierro, aunque es difícil precisar cuándo. Para entrar en detalles, comencemos con los enlaces.

Territorio cántabro durante las guerras cántabras.

Ángel Ocejo Herrero, arqueólogo especializado y uno de los autores de “cántabros. Origen de un pueblo”, nos describe a los cántabros y nos da detalles los restos de sus viviendas encontradas en las excavaciones en su artículo “En busca de los antiguos cántabros”.

Muy relacionados con los cántabros están los astures, que también fueron invadidos por Roma en las Guerras Cántabras o Astur-cántabras. El mismo autor escribe “Los antiguos astures y Asturias. Del Duero al océano”, donde también se escribe algo de los cántabros.

Hoy en día sabemos que los cántabros eran de origen celta gracias a los estudios realizados de su lengua. No confundamos el idioma cántabro actual con el de los cántabros pre-romanos, cuya lengua era de origen indoeuropeo celta y se cree que se perdió en torno al siglo V. Yeyo Balbás, escritor de novela histórica y divulgación, escribe “Celtas en Cantabria y en el País Vasco” donde resume los estudios que justifican el origen celta de la lengua cántabra, así como menciona también otros en los que se llegó a identificar a los cántabros como íberos. Otro artículo que trata este tema, antiguo ya (1945), pero escrito por el fundador del Museo Regional de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, Jesús Carballo García, es “La celticidad de los cántabros”.

Estela de Barros, una de las inspiraciones del Lábaro y del actual escudo de Cantabria, labrada en arenisca en torno al siglo III a. C y de estilo celta.

Lábaro cántabro, interpretación actual de un símbolo que se ha constatado que los cántabros usaban frecuentemente.

Los historiadores romanos también dedicaron tinta a hablar de los cántabros, especialmente para describir las Guerras Cántabras, y sabemos que eran un pueblo bien conocido en Roma. Tito Livio describió con todo detalle esta guerra, pero lamentablemente esta parte de su trabajo como historiador se perdió, quedándonos sólo lo que se cree que son obras derivadas posteriores y de mucha menor envergadura. Joaquín González Echegaray, santanderino que fue toda una eminencia como historiador y arqueólogo, nos habla de las fuentes grecolatinas y otras posteriores en “Las Guerras Cántabras en las fuentes”.

Se pueden imaginar que la visión de los historiadores grecolatinos era bien distinta a la que tenemos hoy en día. El griego Estrabón nos los presenta como fieros, salvajes y hasta inhumanos en un texto que podemos leer aquí, aunque Ángel Ocejo también hace referencia a él en el primer artículo suyo que puse, merece la pena echarle un ojo.

Bellum Cantabricum o Las Guerras Cántabras

Como comentaba antes, la principal aparición de los cántabros en las fuentes clásicas es a partir de la Guerras Cántabras. También la arqueología nos revela restos de campamentos militares y calzadas romanas de este periodo, por lo que muchas veces la historia de los cántabros va inevitablemente ligada a este suceso bélico. En el 29 a.C, comienzan unas hostilidades que se “oficializan” en el 28 a. C, con el comienzo de la campaña bélica según las fuentes romanas. Los romanos la consideran ganada en el 24 a. C, pero hubo varias revueltas de la población cántabra sometida, haciendo que el general Agripa acudiese desde Sicilia en el 19 a. C, y siendo la última documentada el 16 a. C. Nos da una idea de la importancia que tuvo esta guerra en la época el hecho de que el emperador Augusto en persona dirigiera la campaña varios años y también la cantidad de efectivos movilizados, siete u ocho legiones, tropas auxiliares y una flota. Además, después de dos siglos, la conquista romana de Hispania finaliza con esta guerra. Y una curiosidad: Emérita Augusta (Mérida) se fundó en el 25 a. C, como residencia para veteranos de las Guerras Cántabras.

Avance por tierra y por mar del ejército romano para invadir territorio cántabro.

Para que puedan leer más del conflicto les dejo dos artículos. “Las Guerras Cántabras” está escrito para National Geographic por Pedro Ángel Fernández Vega, ex director del Museo Regional de Prehistoria y Arqueología de Cantabria y hace un resumen de las causas y el desarrollo del conflicto en un tono muy divulgativo.

El segundo es está escrito por Eduardo Peralta Labrador, arqueólogo e historiador especializado en pueblos prerromanos de la Península. Se trata de “La conquista romana de Campoo: arqueología de las guerras cántabras” y tiene una primera parte resumen más breve que la del anterior pero añade una breve cronología y una parte donde habla de las fuentes donde se menciona a los cántabros antes de esta guerra. Después hace una extensa explicación de los yacimientos arqueológicos de la zona de Campoo y su relación con la guerra, para aquellos que os interese más el tema.

Guerrero cántabro (a) y guerrero astur (b). Infantería ligera equipada con lanza y soliferreum, espada recta o puñal y escudo redondo de 40-60 cm de diámetro. Según la descripción de Estrabón, usa diadema para sujetar el pelo y fíbula para sujetar la capa. Dibujos de Alberto Álvarez Peña (“celtas en Asturias”. Ed. Picu Urriellu)(c)

Corocotta

Fue el caudillo cántabro que participó en la guerra, mitad mito, mitad realidad. La leyenda, alimentada por un texto de Dión Casio, dice que Augusto ofreció una recompensa a quien lo capturara, ante lo cual Corocotta se presentó él mismo ante el emperador. Éste, magnánimo, le pagó y le dejó marchar.

“Irritóse tanto [Augusto] al principio contra un tal Corocotta, bandolero español muy poderoso, que hizo pregonar una recompensa de doscientos mil sestercios a quien lo apresase; pero más tarde, como se le presentase espontáneamente, no sólo no le hizo ningún daño, sino que encima le regaló aquella suma.

Dión Casio, Historia Romana 56, 43, 3”

Sin embargo, Ángel Ocejo en su obra “Augusto y Corocotta”, trata de derrumbar el mito y presentarnos la realidad histórica detrás de él. Como explica en estas declaraciones en la presentación de su libro, este encuentro entre ambos fue una reunión diplomática bien planificada en la que el emperador buscaba ganarse el favor de parte de los cántabros llegando a un acuerdo con su caudillo, una práctica bastante extendida a lo largo de la historia de la conquista romana.

«El emperador Augusto y Corocotta sellaron un pacto diplomático»

El autor, con su obra desmitificadora. /DANIEL PEDRIZA

“Desde 1982 persigue por textos clásicos el historiador Ángel Ocejo Herrera al 'señor de la guerra' Corocotta y al emperador romano Augusto. Años de investigación que ahora se resumen en una obra de título simple ('Augusto y Corocotta') y contenido complejo, en la que se analiza la relación entre ambos personajes, que pasó a la posteridad convertida en anécdota, cuando no lo fue. Al investigador le ha interesado despojar de leyenda a la entrevista entre ambos, para ubicarla en su «verdadera dimensión histórica, porque Augusto y Corocotta sellaron un pacto diplomático».

El libro, editado por el autor, será presentado hoy, jueves, en 'El Corte Inglés', a las 19,30 horas, por el historiador Joaquín González Echegaray, también autor del prólogo. En éste se cuenta que, al hablar de la relación entre el romano y el cántabro, siempre se dio más importancia al lado colorido, que ponía el acento en lo magnánimo que fue el emperador al pagar al guerrero la recompensa que había ofrecido por su captura cuando éste último se entregó a sí mismo.

«Pero la actuación de Augusto y Corocotta no tiene nada que ver con un acto de 'clemencia' por parte del emperador hacia el enemigo vencido», explica el investigador nacido en Solares tras estudiar de unas fuentes y otras la narración de los hechos.

Ocejo Herrera sostiene que la coincidencia entre ambos es una cita diplomática «al más alto nivel por cada parte: un líder romano y un jefe militar indígena, uno de los más preponderantes en el belicoso territorio norteño». Y, además, fue el último pacto documentado de aquella etapa, «lo que aumenta su valor».

Caudillo de peso

El historiador ha dividido en dos partes su recorrido por la época que analiza. En la primera deja claro que no puede haber dudas de que Corocotta fue un caudillo de peso, «no un robaperas cualquiera», ya que en este segundo supuesto nunca hubiera tenido acceso al emperador romano que concluyó la conquista de Hispania. También sentencia que «probablemente, era cántabro, porque esta fue la única tierra donde Augusto luchó contra los bandidos».

Bandido, o bandolero, es la traducción del vocablo griego 'lestés', que tiene una connotación despectiva que se reservaba para todos aquellos que fueron hostiles a Roma. «Pero, sin excepción, también es sinónimo de jefe militar notable», recalca Ocejo, que ha seguido a través de siglos y autores todas las referencias habidas sobre el caudillo cántabro, desde Dión Cassio, «fuente de primer orden para todo lo que tenga que ver con las guerras cántabras», hasta el alemán Adolf Schulten, el primero en cruzar datos y empezar a aclarar conceptos.

«En realidad, el caso que se dio entre el romano y el caudillo indígena tiene numerosos precedentes», sigue desmitificando. Porque era una estrategia habitual de los emperadores tratar de ganarse a los jefes de las zonas que querían conquistar y así se puede leer en las crónicas. «He visto numerosos precedentes».

Entre los más llamativos alude a algunos actos de 'generosidad' con sus enemigos llevados a cabo por Alejandro Magno, «de quien Augusto era un rendido admirador» y a quien, quizá, trató de emular en su peripecia con Corocotta.”

Yacimientos arqueológicos

La arqueología es una de las principales formas que tenemos de conocer a los cántabros ya que las fuentes escritas son limitadas (y poco objetivas en ocasiones), la epigrafía escasa y la toponimia no deja de tener un alcance limitado. Hay varios yacimientos que se han excavado y se siguen excavando: castros fortificados, campamentos militares que albergaron a las legiones en la guerra y calzadas romanas que las abastecieron.

El castro cántabro de la Espina del Gallego es la primera evidencia arqueológica de las Guerras Cántabras que se encontró, y una de las más importantes. Se encuentra en el paso natural desde la Meseta Norte al interior de Cantabria, por lo que los romanos tuvieron que avanzar por allí. Bloquearon los tres accesos al castro con tres campamentos, Cildá, El Cantón y Campo de las Cercas, y asediaron el castro. El mencionado anteriormente, Yeyo Balbás, explica breve y claramente la historia de este yacimiento en ese artículo.

Si queremos profundizar mucho más en el tema, he encontrado el documento con los resultados del proyecto de excavación de este yacimiento escrito por su director, Eduardo Peralta Labrador, que también he mencionado antes, y su hipótesis de que se corresponda con el Aracelium mencionado en las fuentes grecolatinas. Lo tenemos aquí.

“Resumen

  • Se presentan los resultados de un proyecto de prospección y excavación de varios yacimientos cántabros fechados a fines de la Edad del Hierro e inicios de la romanización y que corresponden a un castro indígena (Espina del Gallego) y dos campamentos romanos (Cildá y El Cantón) levantados para sitiar al primero. El trabajo defiende la posible identificación de este castro con el "Aracelium" de las fuentes romanas, cuya conquista en 25 a. C, marcó un hito en las guerras cántabras. Se trata de la primera documentación arqueológica de un asedio militar de época augustea.”

Calzada romana a la entrada del castro de Espina del Gallego

El equivalente astur a la Espina del Gallego es el campamento romano de La Carisa, que se encuentra en el paso natural a Asturias, entre los concejos de Aller y Lena. Aún se está excavando, pero se cree que los astures atacaron a los romanos en esta zona con idea de cortar el suministro de la vía de La Carisa. El campamento romano de Curriel. los, a 1728 metros de altitud es uno de los más altos encontrados hasta ahora. El periodista C.M. Basteiro ha estado informando este verano de las excavaciones realizadas y recogiendo las declaraciones de los expertos en la excavación. “La Carisa, cuando Asturias atacó al imperio” describe el mencionado ataque y en esta otra noticia se describen los hallazgos este verano de armas romanas en el campamento de Picu L.lagüezos.

Vista aérea del lugar donde se encuentran los restos del campamento romano de Monte Curriechos.

Voy a acabar con otro yacimiento, el castro cántabro de La Loma, situado en el norte de Palencia y que también fue asediado por los romanos con campamentos en sus proximidades, en los que se han encontrado numerosas armas romanas. Los restos de incendio y las más de setenta puntas de flechas romanas encontradas en el interior del castro evidencian que fue arrasado por el atacante. También fue Eduardo Peralta Labrador el encargado de dirigir la excavación y escribió un artículo en una revista especializada.

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