Victoria Dorenlas o Dorantes "La Imagen Clásica de la Patria"

Se llamaba Victoria Dorenlas o Dorantes Indígena tlaxcalteca
(n. 1942-1943?, f. ¿?)

Todo mexicano recuerda a la mujer más famosa y bella de México. Era la mujer de nuestro libro de texto ¿puedes recordar la belleza de su porte?

Victoria Dorenlas era mesera de un bar a donde acudían pintores e intelectuales de la talla de Diego Rivera.

Jorge González Camarena (hermano de Guillermo, el notable jalisciense inventor de la TV a color) fue pintor y muralista autor de la obra ya famosa. El narra que batalló para convencer a esta hermosa indígena para que posara y diera vida a su obra «La Patria» (1962), que hoy ya todos recordamos.

Ella se negaba a posar para Camarena porque tenía pavor a su marido.

Era casada. Su marido era un pistolero y guardaespaldas. Le amenazaba descargando a cada rato su pistola con balazos cerca de sus pies. Le advertía que si posaba la mataría.

Un día González Camarena pasó por su casa, vio la señal de luto y pensó lo peor. Él se baja del auto y pregunta. Resultó ser que quién había muerto era el rufián, su marido. Lo asesinaron. «El que a hierro mata...»

El destino de Victoria estuvo de su lado -y del país-. Victoria Dorenlas quedó viuda a los 19 años.

González Camarena dejó pasar los días de luto: ya lo demás es historia (para regocijo de nuestros ojos y no pocos corazones).

Victoria Dorenlas se mudó a París a vivir con un artista. Desde entonces no se sabe de ella.

La belleza tiene el precio del anonimato.

Indiscutiblemente, “La Patria” de González Camarena es una de las imágenes con impacto emocional e histórico. Convertida en símbolo, abundan quienes piensan que se trata de una imagen del dominio público y esa circunstancia la lleva a los lugares más insospechados

Pocas imágenes tienen tanto peso en México como “La Patria”, pintada por el artista jalisciense Jorge González Camarena, por encargo de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos. Como evocación nostálgica de mejores días, como punto de partida para la crítica social, a veces de gran acidez, esa mujer fuerte, de claros rasgos mestizos que mira al infinito, es guardiana de la bandera tricolor. Arropada por las alas del águila mexicana, ella es todavía símbolo poderoso que representa, para muchos, lo más defendible de nuestro país. Es una figura materna ciertamente, pero se trata de una madre fuerte, valiente, “empoderada” aún antes de que la corrección política pusiera de moda el término. La madre ideal de los mexicanos. Ha de ser, por eso, que muchos se refieren a ella como “La Madre Patria”.

1961: Nacimiento de La Patria. “La Patria” nació para ilustrar la portada de los primeros libros de texto gratuitos, vigentes de 1960 a 1972, en sustitución de media docena de imágenes, creadas por artistas renombrados: David Alfaro Siqueiros, Alfredo Zalce, Roberto Montenegro, Fernando Leal, Raúl Anguiano y José Chávez Morado.

Todos ellos habían atendido las instrucciones del presidente fundador de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG), el escritor y periodista Martín Luis Guzmán: empleaban de fondo los colores de la bandera, usaban las ramas de laurel y olivo que se reservan para el homenaje a los héroes nacionales, y representaban los tres grandes momentos de la historia nacional –independencia, reforma liberal y revolución- por medio del retrato de los personajes representativos de aquellos momentos: Miguel Hidalgo, Benito Juárez y Francisco Madero.

Eran portadas conmemorativas del cincuentenario del inicio de la Revolución y del aniversario 150 del inicio del movimiento independentista. Pero la producción material de seis portadas diferentes para libros de cuatro grados –estaba pendiente la hechura de los libros de quinto y sexto—generaba complicaciones y costos adicionales. Eran bellas portadas, pero la conmemoración duraba sólo un año e importaba cuidar los recursos. Así, el secretario de Educación Pública del régimen lopezmateísta, Jaime Torres Bodet, y Martín Luis Guzmán, acordaron encargar una nueva obra que sirviera para todos los libros de texto: debería ser una obra alegórica, una síntesis de lo que era México en el inicio de la sexta década del siglo pasado.

Dos fueron los artistas convocados: uno, Jorge González Camarena (1908-1980), el otro, Julio Prieto. Ambos entregaron sus obras.

Conocemos la descripción que de cada una de las piezas se hizo:

La de Julio Prieto decía: “representa a México progresando al impulso de la escuela, la ciencia y la técnica, aplicada a la agricultura, la minería y el petróleo”. No se conoce la pieza, pero claramente estaba orientada a mostrar el peso indiscutible de la educación pública del México posrevolucionario –obligatoria, laica y gratuita– en el progreso nacional.

La de González Camarena abarcaba por entero al espíritu nacional; iba más allá de la educación: “representa a la nación mexicana avanzando al impulso de su historia y con el triple empuje –cultural, agrícola, industrial– que le da el pueblo. Finalmente, Guzmán y Torres Bodet se decidieron por la obra que el pintor jalisciense llamó “La Patria”.

La anécdota cuenta que David Servín, jovencito de 16 años, mensajero al servicio de la CONALITEG, fue enviado a casa de González Camarena a recoger el cuadro. Servín recuerda que la pieza aún tenía fresco el barniz.

Los primeros “libros de la Patria”, como muchos los llaman, se imprimieron en la segunda mitad de 1961, y llegaron a las manos de los alumnos de quinto y sexto año de primaria, que por primera vez tuvieron textos de Aritmética y

Geometría y Estudio de la Naturaleza, y de Historia y Civismo.

En 1962, todos los alumnos de primaria tuvieron sus “libros de la Patria”, y así sería hasta 1972, cuando la reforma educativa del gobierno de Luis Echeverría transformó por completo los libros de texto gratuitos. Pero, para ese entonces, “la Patria” se había reproducido en 400 millones de libros: suficientes como para construir, a partir del óleo de González Camarena, todo un símbolo nacional.

¿Quién es “La Patria”? Alrededor de “La Patria” se tejen multitud de historias: la principal es aquella que recupera la identidad de la modelo. ¿Quién era ella? Una mujer que no tenía sino una veintena de años cuando posó para González Camarena. Oriunda de San Agustín Tlaxco, Tlaxcala, se llamaba Victoria Dorenlas o Victoria Dorantes.

Victoria fue, sin lugar a dudas, la modelo preferida de Jorge González Camarena. No sólo la pintó como la Patria; Victoria está, entre muchos otros sitios, en el mural “Presencia de América Latina”, pintado en Chile; es pareja del español vestido de armadura en “La Pareja” (1964),

“La Pareja” (1964)

la retrató en 1979 como “Malinalli”

"Tercera Victoria"

y está en “Las razas y la cultura”, en el Museo Nacional de Antropología.

Nada se sabe del paradero de Victoria. Algunos han querido verla, aun trabajando de modelo, en instituciones de educación superior. Nada hay de cierto. Y quizá no importe tanto. Ella, la que es para siempre la Patria, permanece en la imaginación y en las emociones de los mexicanos nacidos en la segunda mitad del siglo XX y aun en los nacidos en los albores del siglo XXI, porque “La Patria” ha regresado en diversas ocasiones a los libros de texto gratuitos: en 1992, a los libros de historia; en 2008 a los libros de formación cívica y ética y en los últimos años, a todos los libros de primaria y secundaria. Su memoria, aún poderosa, se transmite a las nuevas generaciones.

La Alegoría del Desarrollo Estabilizador. Hay quienes miran con escepticismo y aún con amargura a “La Patria”. Hay especialistas que llegan a calificarla de “falsa realidad”, lo que demuestra que no siempre la historia del arte se nutre del análisis histórico.

En 1960, cuando las promesas de la revolución parecían cumplirse, “La Patria” era una fiel representación de ese momento histórico: educación gratuita, seguridad social y atención médica garantizadas; los derechos de los trabajadores garantizados por la Constitución y por el poder sindical, y el trabajo en el campo como real opción de vida. Aún cuando todos esos beneficios no alcanzaran a la totalidad de los mexicanos, el andamiaje construido por el Estado era real. El futuro esperanzado se orientaba a hacer extensivos esos beneficios a toda la población. Eran los años del desarrollo estabilizador.

Las generaciones que siguieron se encontraron con otro escenario: se acostumbraron a escuchar a diario la palabra “crisis”; oyeron hablar de devaluaciones, espirales inflacionarias y errores de diciembre. La bonanza fue cada vez más discutible y más lejana; Resulta natural, para ellos, que, tamizado por el desencanto que dominó los últimos años del siglo XX, el México que representaba la figura de Victoria Dorenlas o Dorantes se mirase muy lejano, inexistente; como un sueño que nunca había ocurrido.

Ni Mariana, ni Leona. Alrededor de “La Patria” se multiplican recreaciones suyas y leyendas con o sin sustento. Docenas de artistas plásticos y cartonistas la hacen sujeto de sus reconfiguraciones. Se le ha representado secuestrada, llorosa, indignada y cuestionadora. Lo mismo reaparece en un periódico que en el mural de una escuela primaria en cualquier rincón de México. Las comunidades migrantes en Estados Unidos la recuerdan y la asumen como símbolo de sus raíces. Es ella, es la Patria, aún protectora, aún inspiradora.

Bobas leyendas de las redes sociales inventaron recientemente la conseja de que “La Patria” representa ¡a Leona Vicario! O a ¡Mariana Rodríguez del Toro! La falta de retratos de unas –de Vicario sólo tenemos uno y de Rodríguez ninguno– ha propiciado que la inocencia o la ignorancia quiera llenar el hueco con la imagen de Victoria. Pero no. Cada una tiene su lugar; cada una sus méritos y cada una historia.