Una fiesta popularizada por un gringo

La historia de la Fiesta de San Fermín. Origen

La novela ‘Fiesta’ (‘The sun also rises’, 1926) de Ernest Hemingway

El origen de San Fermín se remonta a la Edad Media. Tiene tres celebraciones ‘madre’: los actos religiosos en honor a San Fermín, intensificados desde el siglo XII, las ferias comerciales y las corridas de toros, documentadas desde el siglo XIV.

En un principio, San Fermín se celebraba el 10 de octubre, pero desde 1591, se trasladó a julio porque la gente estaba cansada del mal tiempo. Su primera edición duró dos días: pregón, músicos, torneo, teatro y corridas de toros. Después se fueron añadiendo actos, y empezaron las visitas de fuera de Navarra.

La máxima popularidad de la fiesta se alcanzó en el siglo XX gracias a:

       -  La novela ‘Fiesta’ (‘The sun also rises’, 1926) de Ernest Hemingway.

el Txupinazo

-  Se incluyó el Txupinazo: cohete anunciador de las fiestas que se lanza desde el balcón del Ayuntamiento el 6 de julio a las doce de la mañana. Lo suele hacer un miembro de la comisión de fiestas o de algún partido político. Sólo en dos ocasiones lo han hecho otros representantes, en ambos casos deportivos, por los buenos resultados del Osasuna y del Portland San Antonio de Balonmano.

El Riau Riau

       -  Se empezó a cantar el Riau Riau. Se celebra el 6 de julio a las 20 horas, durante las Vísperas. Se trata de impedir el paseo de las autoridades, vestidas de gala, en el Ayuntamiento. Nació como protesta a la autoridad y duraba una hora.  Durante el acto se toca y canta el ‘Vals de Astrain’, conocido como el Riau Riau, pero está suspendido por diversos altercados, desde 1991.

El Santo

Imagen de San Fermin

San Fermín de Amiens nació en Pamplona alrededor del año 272. Fue un misionero cristiano y primer obispo de Amiens. Fue hijo de un senador pagano de nombre Firmo, un alto funcionario de la administración romana que gobernó Pamplona en el siglo III. Le bautizó San Honesto, que convirtió a sus padres, en un lugar hoy conocido como el “pocico” de “San Cernin”.

A los 18 años fue enviado a Tolosa, donde sería ordenado. Predicó en Navarra y luego fue a Francia. En Amiens se encargó de construir la iglesia, por lo que fue nombrado primer obispo con 24 años. Murió decapitado a los 31 años en Amiens el 25 de septiembre de 303, por predicar la doctrina cristiana pese a la oposición oficial.

Es patrón de Amiens, Lesaka, y co-patrón de Navarra junto con San Francisco Javier. En 1186 el obispo Pedro de París llevó de Amiens a Pamplona una reliquia de la cabeza de Fermín. Es, además, patrono de las cofradías de boteros, vinateros y panaderos.

El edificio de la Alcaldía desde el primer balcón central se dispara el Txupinazo, que declara inauguradas las Fiestas de San Fermín

Hemingway

Una de las personalidades internacionales que ha dado renombre a San Fermín es Ernest Hemingway. El escritor estuvo hasta nueve veces en las fiestas, y disfrutó de ella como cualquier pamplonica. De hecho, así se le recuerda en la ciudad, donde tiene dos esculturas. Una de ella está acodada en la barra del Café Iruña, lugar que frecuentó el Nóbel en sus estancias en la ciudad. La otra es un busto que está junto a la plaza de toros, cómo no, y le representa apoyado sobre la barra del callejón, a punto de ver una corrida.

La primera vez que Hemingway visitó Pamplona fue el 6 de julio de 1923. Y le sirvió para escribir su primera novela de éxito Fiesta (‘The Sun Also Rises’). Después regresaría otras ocho ocasiones más. La última, en 1959. Dicen que el escritor consiguió integrarse plenamente en el ambiente y logró que la fiesta fuera conocida fuera de España.

El nobel también corrió delante de los toros, presenció las corridas, y disfrutó de la gastronomía y el ocio “sanferminero”. Aún hoy hay abiertos locales en los que estuvo: el Iruña, el bar Txoko, el hotel La Perla, y el Yoldi.  Otros que también se acercaron a Pamplona para vivir San Fermín después de Hemingway fueron Orson Welles, Ava Gardner, Margeux Hemingway, Arthur Miller, Inge Morat y Derek Walcott.

"Desde hace cuatro siglos se documentan comedias, danzas, funambulistas, titiriteros, fuegos artificiales, sin que faltaran los gigantes, prohibidos en 1780 por Carlos III y recuperados tras la Guerra de la Independencia al ser encontrados en las dependencias de la catedral", dice Fernández Gracia.

"Por supuesto" que también estaban los toros presentes en las celebraciones, ya que desde finales del siglo XIV hay constancia de corridas de toros en la ciudad, y desde el siglo XVI se conocen "numerosos datos sobre las diversiones con los toros, como parte fundamental de las fiestas en honor al santo".

"Las cuentas municipales y algún cronista dejaron buenos testimonios de cómo los toros eran la principal de las diversiones de los pamploneses de siglos pasados", con corridas con hasta 16 toros y toreros hábiles que hacían la suerte del palenque, alanceaban a los astados o intentaban rendir a la res con perros.

En cuanto al encierro actual, nació "por la necesidad de trasladar a los toros desde los extramuros de la ciudad al coso taurino", hasta donde la manada era conducida por un grupo de caballistas y las gentes participaban con sus varas y garrochas.

La razón de su arraigo "habrá que buscarla en su sintonía con las gentes de la tierra atraídas por el riesgo y la peligrosidad", y su masificación actual tiene mucho que ver con los textos de Hemingway y la repercusión de estas fiestas en los medios de comunicación. Sobre su evolución, el profesor advierte de que las fiestas "constituyen un fenómeno dinámico" y que "aparentemente se han secularizado y se han vuelto más lúdicas, identitarias y supralocales.

Se han hecho más espectaculares y menos rituales". En cuanto a su futuro, y a la posibilidad de que los sanfermines "mueran de éxito", uno no se imagina ese fin para el encierro, por ser actualmente "uno de los componentes más fuertes de la fiesta y que, psicológicamente, tiene su función antropológica y de catarsis", aunque opina que, "como todos los grandes fenómenos de masas, necesitará una adecuación a los tiempos".

"Desde hace cuatro siglos se documentan comedias, danzas, funambulistas, titiriteros, fuegos artificiales, sin que faltaran los gigantes, prohibidos en 1780 por Carlos III y recuperados tras la Guerra de la Independencia al ser encontrados en las dependencias de la catedral", se dice que "Por supuesto" que también estaban los toros presentes en las celebraciones, ya que desde finales del siglo XIV hay constancia de corridas de toros en la ciudad, y desde el siglo XVI se conocen "numerosos datos sobre las diversiones con los toros, como parte fundamental de las fiestas en honor al santo".

Una joven trata de esquivar la cornada de una vaquilla durante la sexta jornada de encierro de los sanfermines en la plaza de toros de Pamplona. Julio 2013. JIM HOLLANDER / EFE