La Güera Rodríguez´ eterna seductora

María Ignacia Rodríguez de Velasco Osorio y Barba es legendaria gracias a su belleza y por los muchos escándalos y amantes que tuvo, además fue de las primeras mujeres que se divorció en México.

Retrato de la Época de la Güera Rodríguez

María Ignacia Rodríguez de Velasco Osorio y Barba y Bello y Pereyra es legendaria gracias a su belleza y por los muchos escándalos y amantes que tuvo, además fue de las primeras mujeres que se divorció en México.  

Legendaria por su belleza, muchos escándalos e innumerables amantes, la “Güera Rodríguez” fue una de las primeras mujeres que se divorció en México. También fue un valioso enlace que ayudó a la causa de la Independencia y una de las pocas que salió airosa tras un juicio promovido por la Santa Inquisición. María Ignacia Rodríguez de Velasco Osorio y Barba, “la Güera Rodríguez”, estaba acostumbrada a las comodidades y halagos: era hija del corregidor de la Ciudad de México.

Casada en tres ocasiones, la primera vez, a los 16 años, fue con un gallardo capitán que la dejaba sola demasiado tiempo y ella “gustaba de platicar con extranjeros para escuchar cómo era el mundo”, hecho que dio lugar a las habladurías sobre sus romances.

El marido, harto de los chismes, se valió de la violencia y hasta disparó contra ella, pero con mala puntería. En 1802, antes de que ocurriera algo peor, se les otorgó el divorcio eclesiástico.

Otro retrato de la época

Luego siguió el marido rico y octogenario con el que la Güera anunció un embarazo.

Nadie creyó aquella hazaña del viejo y, para corroborarla, la mujer dio a luz junto a una ventana abierta, a la vista de los incrédulos.

Tres amantes sobresalen en su larga lista: Simón Bolívar, el Barón Alejandro von Humboldt y Agustín de Iturbide.

Bolívar, “el Libertador de América”, llegó muy joven a tierras mexicanas en el buque “San Ildefonso” y el encuentro entre ambos jóvenes fue amor a primera vista. Posteriormente, para 1801, la Güera Rodríguez se había robado el corazón del sabio Barón de Humboldt, a quien le sedujo el filo y gracia con que la Güera usaba las palabras para desarmar a sus enemigos.

Una de las anécdotas más famosas sucedió cuando el escultor Manuel Tolsá mostró su obra maestra –“El Caballito”– frente a delegados, políticos y familias de renombre. Ahí estaba Humboldt junto a ella; todos admiran la obra en silencio, y sólo la Güera se atrevió a criticarla:

“Maestro, los testículos del caballo son iguales y según mi conocimiento, tanto hombres como bestias, tienen uno más grande que otro”, a lo que Humboldt agregó: “Hágale caso, que esta mujer es experta en esos asuntos”.

Detalle del Caballo de Carlos IV de Manuel Tolsá

En cuanto a sus amores con Agustín de Iturbide, cuentan las crónicas que él estaba tan prendado de ella, que cuando entró a la Ciudad de México con el ejército trigarante, Iturbide modificó la ruta para cruzar frente a la casa de ella y entregarle una rosa. Gracias a sus relaciones amistosas, a la Güera también le toca desempeñar un papel en la historia política de México: se dice que ella fue el enlace entre el Virrey Apodaca, los enviados de España e Iturbide para negociar la Independencia.

En 1811 la Santa Inquisición acusó a María Ignacia Rodríguez de “estar relacionada con un cura renegado, un tal Miguel Hidalgo y Costilla, así como su natural tendencia al adulterio, mancebía y bigamia”.

A raíz de esto fue expulsada a Querétaro; sin embargo, lejos de separarla del movimiento independentista, esta circunstancia facilitó que participara en la creación del Plan de Iguala. La Güera Rodríguez dejó huella entre las conciencias conservadoras de la Nueva España y, adelantada a su época, hizo y dijo como mejor le pareció a su conciencia.