¿Verdad o Mentira, el Código Secreto de la Biblia?

El código secreto de la Biblia

En 1994, un periodista estadounidense llamado Michael Drosnin visitó Israel para decirle a un poeta amigo suyo, Jaim Guri, que tenía una carta para serle enviada al primer ministro Yitzhak Rabin. En su carta, Drosnin decía que, de acuerdo a un mensaje secreto oculto en la Torá, la versión hebrea de los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, Rabin sería asesinado. Guri le hizo llegar la carta a Rabin, pero por desgracia la ignoró, y Rabin fue asesinado un año después.

Convencido de que su predicción debía haber tenido un origen divino, Drosnin escribió un libro al que tituló “El Código de la Biblia” en el que explicaba cómo estaban codificados los mensajes en la Torá. El método estaba basado en el trabajo de un matemático de origen letón-israelita llamado Eliyahu Rips, que a su vez se había inspirado en los estudios de un profesor de escuela llamado Abraham Oren. Este no es un caso extraordinario. Muchos otros, incluso Isaac Newton, se habían adentrado en la búsqueda de mensajes ocultos en textos antiguos.

El libro de Drosnin fue un gran éxito, que fue seguido por su secuela, “El código de la Biblia II: la cuenta atrás”.

Los códigos ocultos de la Biblia son descifrados por medio del mecanismo de espacios equidistantes entre letras o ELS. Por ejemplo, siguiendo este mecanismo, si tomamos la palabra maracas y extraemos la primera de cada tres letras obtenemos la palabra más. En este caso la palabra más está codificada en la palabra maracas como un ELS de salto 3. Eso es todo lo que hay que hacer. Ahora imagine una frase escrita en una matriz, sin espacios ni puntuación, como una gigantesca sopa de letras. Una palabra codificada de esta manera, aparecerá en una línea, vertical, diagonal o en horizontal, e incluso utilizando saltos en los cuadrados. Podría ser por ejemplo en saltos en L, como el movimiento de los caballos de ajedrez, o movimientos similares, como 4 en una dirección y una en perpendicular etc. Si tuviésemos enfrente una sopa de letras lo suficientemente grande podríamos encontrar cualquier palabra. Añade un ordenador a la mezcla para ayudar con la búsqueda, y te sorprenderás de la cantidad de palabras que aparecen. Palabras sueltas surgirían por todas partes, pero cada vez que se añadiese una letra para tratar que la palabra encontrada fuese más larga, el número de ocurrencias caería dramáticamente. Es raro encontrar una palabra de 7 ó más letras.

Método ELS (fuente Wikipedia)

Ya sabemos cómo encontrar las palabras en un texto codificado, pero ¿qué ocurre con las frases? Los analistas del Código Secreto tienen un enfoque muy liberal sobre esto. No es necesario para encontrar la frase completa en una cadena de ELS. Eso es imposible. Todo lo que hay que hacer es encontrar las palabras que aparecen en la matriz, juntas unas de otras. Pero puede hacer la matriz tan grande como quiera.

Las palabras pueden combinarse, aunque estén identificadas en diferentes direcciones o con diferentes saltos. Imagine una enorme sopa de letras con un montón de palabras remarcadas. Esa es la manera en la que las frases son formadas según la metodología del código de la Biblia. No hay reglas a seguir para que una frase se forme. Depende de la interpretación personal del que observa las palabras sueltas.

Siempre hay muchas palabras cortas en una matriz que nos interese analizar, por lo que es fácil encontrar palabras de apoyo para construir la frase que deseemos.  Así es como funciona. Quizá le parezca un argumento demasiado débil. Efectivamente, lo es. Así que me puse a buscar por ahí y decidí comprar un software que realiza estas búsquedas. Seleccioné uno que se llama CodeFinder y que cuesta aproximadamente 70 usd. Hay varios productos similares disponibles, pero este parecía bastante decente. CodeFinder viene con una serie de textos originales, incluyendo el Antiguo y Nuevo Testamento, y también la obra Guerra y Paz, aunque en verdad, cualquier texto funciona. Incluso texto aleatorio. Generé un texto al azar y realicé búsquedas sobre él y funcionó. En primer lugar, encontré mi nombre, que está esparcido por doquier en todos los textos (tal vez soy santo). CodeFinder almacena la localización de las palabras para facilitar la construcción de frases. Si tiene la suficiente paciencia será capaz de encontrar la frase que quiera en cualquier texto. No me malinterprete. No es fácil ni rápido. Tuve que pasar un largo rato para poder construir una frase decente. Me costó encontrar por ejemplo “Voy a morir en viernes” y “Brian es un tipo genial” en la Biblia, en Tierra y Paz e incluso en mi texto aleatorio. Esto es suficiente para mí.

Por si esto era poco, el código de la Biblia guarda otro as en la manga: el idioma hebreo. CodeFinder también viene con una copia del Viejo Testamento en hebreo. ¿Recuerda la película Indiana Jones en la que Indi estuvo a punto de pisar la baldosa equivocada debido a un error en el deletreo de Jehová? El hebreo tiene diferentes maneras de escribir la misma palabra. Cuando Drosnin escribió el Código de la Biblia, sacó el máximo partido a estas ambigüedades para obtener el máximo número de palabras disponibles para la construcción de frases.

Ha sido ampliamente criticado por ello. Drosnin había usado con ventaja la flexibilidad de la lengua hebrea, mezclando libremente hebreo clásico (sin vocales, donde las letras Y y W son estrictamente consonantes) con hebreo moderno (donde Y y W suelen indicar las vocales I y U), así como las variaciones en el uso de K y T, encontrando el significado deseado. Si él se hubiera decantado por una forma de hebreo o de otra, muchas de las frases de Drosnin se considerarían mal escritas. Aun así, para encontrar el nombre de Yitzhak Rabin, en hebreo, tuvo que usar un valor de salto ELS de 4,772. Esto cubre un bloque de texto en el que es posible encontrar casi cualquier otra palabra.

Pero Drosnin afirma que el código no es el resultado del azar. En su primera secuela, El Código de la Biblia II, Drosnin afirma que la Biblia fue escrita por -agárrense a sus asientos- extraterrestres. En realidad, fue escrita por los mismos extraterrestres que trajeron el ADN a la Tierra y con él la vida como la conocemos hoy en día. Drosnin cree que los extraterrestres dejaron la clave para descifrar el Código de la Biblia en un obelisco de acero enterrado cerca del Mar Muerto, e incluso afirma que ha ido él mismo en persona a buscarlo. La pregunta es: ¿para qué hace falta una clave enterrada en un receptáculo de acero cuando un sencillo programa de 70 usd que te puedes comprar en Internet puede servir del mismo modo?

Pero volvamos a la famosa predicción de Drosnin sobre el asesinato de Yitzhak Rabin. Suena impresionante, pero tenga en cuenta tres puntos.

En primer lugar, fue sólo una de las innumerables predicciones que Drosnin hizo. El resto resultaron ser tonterías. Por ejemplo, la destrucción nuclear de la civilización entre los años 2000 y 2006, y la devastación de Los Ángeles por un meteorito en 2006. Esto es lo que suelen hacer los psíquicos famosos. Recordar sólo los éxitos y olvidar los fallos.

En segundo lugar, en el momento en que hizo la predicción sobre Drosnin Rabin, era una certeza de facto el que Rabin iba a ser asesinado. La derecha dura judía estaba enfurecida con Rabin y con los palestinos, con los que estaba tratando de instaurar la paz. Los expertos decían que lo único que quedaba por dilucidar era el grupo anti-paz que iba a llegar primero. Psíquicos de todo el mundo predijeron su asesinato, aunque Drosnin fue el único que tuvo la suerte de aparecer en el show de Oprah Winfrey, incluso aunque en su predicción no daba detalles sobre el momento o lugar del atentado. Esta promoción es la única razón por la que el libro de Drosnin se hizo popular, a diferencia de los otros psíquicos.

En tercer y último lugar, la predicción de Drosnin se basaba en que encontró el nombre “Yitzhak Rabin” y la palabra hebrea que significaba “asesinar”. Abreviada también significa “asesino”. Entre la enorme sopa de letras que componía la matriz sobre la que encontró el nombre de Rabin, Drosnin selecciono las que formaban la frase “Un asesino asesinará a Yitzhak Rabin” para lo cual tomó dos veces la misma palabra “asesino”. La frase también podría haber sido “Rabin, el asesino, asesinará a Yitzhak” o cualquier otra posible combinación utilizando este o cualquier otro nombre que pudiese aparecer en la matriz.

En resumen, es muy difícil para un pensador crítico que entiende la codificación ELS llegar a la conclusión de que Drosnin encontró una predicción definitiva de que Rabin sería asesinado. Ya sea deliberadamente o por negligencia grave, Drosnin mostró esta tontería como una predicción, que sigue siendo la evidencia más fuerte a favor del Código de la Biblia.

Y para rematar este tema, les presento otro artículo que despedaza este viejo concepto de lo que se le ha dado por llamar bibliomancia, veamos:

La Verdad sobre Los Códigos Secretos de la Biblia por Diego Edelberg

El Rabino y Académico Jeffrey H. Tigay

Como le ha sucedido a la mayoría del mundo, estoy igualmente conmocionado por la muerte del fiscal Alberto Nisman. En las últimas semanas ha habido diversas especulaciones sobre lo que ha sucedido desde todos los puntos de vista posible. Sin embargo, hay una interpretación de los hechos que me dejó estupefacto y hasta preocupado que haya salido públicamente en un diario ya que puede provocar muchísima confusión. Me refiero a la nota publicada por el Diario Perfil titulada “Un rabino explica la “dudosa” muerte de Nisman con la Torá” (esta nota apareció también en muchos otros medios más).

En dicha nota el Rabino Aharón David Shlezinger explica la muerte del fiscal utilizando los trillados “códigos secretos de la Biblia”. Su video se hizo viral muy rápidamente y me demuestra una vez más que, por motivos que ignoro, este tema de los códigos ocultos en la Torá fascina a muchísimas personas aun cuando es bien sabido desde hace ya años que todas estas especulaciones no son convincentes.

Para poder terminar de una vez por todas con estas interpretaciones bizarras comparto a continuación una traducción del maravilloso ensayo publicado sobre el tema por el Rabino y Académico Jeffrey H. Tigay.

Tigay recibió su B.A. en Historia Antigua en la Universidad de Columbia, luego realizó su Maestría en Literatura Hebrea y obtuvo su ordenación rabínica en el Seminario Teológico Judío. Finalmente obtuvo su Ph.D. en Biblia Comparada en la Universidad de Yale. Su especialidad es la Biblia hebrea y su interpretación, sobre todo en su contexto original antiguo. Tigay es realmente uno de los más importantes pensadores modernos sobre la Biblia desde una perspectiva judía tradicional y académica. En el año 1999, cuando el tema de los códigos secretos en la Biblia se puso de moda, Tigay publicó un ensayo espectacular que aclara por qué todo este asunto de los códigos ocultos o secretos es absolutamente infundado. Para quienes leen inglés, la publicación entera con las notas al pie se encuentra en el siguiente enlace: http://www.sas.upenn.edu/~jtigay/codetext.html. Lo que yo voy a compartir en esta traducción es una parte y no la totalidad de su trabajo. Pero con esta mínima información les alcanzará para poder escapar a tiempo cada vez que escuchen a alguien declarar “Los códigos secretos u ocultos de la Torá muestran que…”

Les advierto, el texto no es breve ni sencillo (traducirlo tampoco lo fue). Pero si pueden leerlo en su totalidad les aseguro que aprenderán mucho y se sentirán satisfechos de poder ahora ¡responder con saber! Aquí vamos.

Secuencias de Letras Equidistantes (ELS)

En el siglo XII, una mujer judía en Bizancio llamada Maliha escribió a sus hermanos en Egipto que quería ir a visitarlos. Pero cuando miró un rollo de Torá se encontró con un mal presagio pronosticando el fracaso en caso de emprender el viaje. Algo en el pasaje de la Torá le llamó la atención porque parecía presagiar un mal. Maliha estaba practicando bibliomancia, la adivinación mediante la apertura de las páginas de un libro sagrado al azar y la detección de un mensaje allí, una práctica ampliamente conocida en el mundo judío, cristiano y musulmán clásico.

En los últimos años la bibliomancia ha sido resucitada en una forma más contemporánea, basada en la búsqueda de patrones y mensajes ocultos en el texto hebreo de la Tora. Pero estos patrones y mensajes son tan sofisticados que la mayoría de ellos pueden ser reconocidos sólo por una computadora. El método consiste en encontrar palabras formadas por letras que son equidistantes entre sí, por ejemplo, 7, o 53, o 4,772, o cualquier otro número de espacios de separación. Estas secuencias de letras se conocen como Secuencias de Letras Equidistantes (ELS para abreviar) y los defensores del método las utilizan para argumentar que la Torá contiene varios patrones significativos de letras y a menudo alude criptográficamente a los acontecimientos históricos que tuvieron lugar mucho tiempo después de la Biblia, incluso hasta nuestros tiempos.

Tres tipos clásicos de “secretos ocultos”

  • El más simple es encontrar palabras de significado relacionado en estrecha proximidad entre sí. Por ejemplo, en Éxodo 11:9-12:13 (ver Fig. 1), el título hebreo del Código de Maimónides (Mishné Tora) se encuentra comenzando con la M de Moshe en 11:9 y contando cada 15 letras hasta que aparece la palabra “Mishné” (משנה). A continuación, a partir de la segunda T en 12:11 y contando cada 50 letras aparece “Tora” (תורה). Entre la primera letra de “Mishné” y la primera letra de “Tora” hay una brecha de 613 letras, igual al número tradicional de los mandamientos de la Torá que explicita el Mishné Tora. Es más, uno de los versículos de esta brecha (12:6) menciona el día 14 del mes (de Nisán), fecha de nacimiento de Maimónides. Por si fuera poco, aunque el punto siguiente no se basa en un ELS, las últimas cuatro palabras de 11:9 comienzan con las letras hebreas R, M, B y M, las cuales forman las siglas Rambam (por Rabenu Moshe ben Maimon), el acrónimo hebreo de Maimónides. La cláusula que contiene el acrónimo dice “que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto” y 11:3, unos versículos antes, dice que “Moisés fue muy estimado en la tierra de Egipto entre los cortesanos del Faraón y entre la gente”. Estos dos versos se pueden tomar no sólo como alusiones al Moisés bíblico sino a los logros y la estatura pública de Moisés Maimónides, que era médico de la corte en Egipto en la Edad Media.

Fig. 1. “Maimonides” en Éxodo

  • Mucho más dependiente de la informática es el descubrimiento de mensajes ocultos y predicciones en la Torá repartidos en grandes segmentos de texto que no pueden ser vistos simplemente echando un vistazo al texto. Por ejemplo, el periodista norteamericano Michael Drosnin en su libro El Código de la Biblia, observa que, si buscamos el nombre de Yitzhak Rabin, lo encontraremos comenzando con la primera Y en Deuteronomio 2:33 y después, contando cada 4.772 letras, terminando con la primera N en Deuteronomio 24:16 (ver Fig. 2). Si a continuación se disponen de todas las 304.805 letras de la Torá en una serie que consta de 64 filas de 4.772 letras en donde el nombre de Yitzhak Rabin aparece en una fila vertical, se encuentra que dicha fila se cruza con una frase bíblica de Deuteronomio 4:42 que dice “un asesino que asesina”. Drosnin interpreta que esto claramente es una predicción que Rabin sería asesinado.

Fig. 2. “El asesinato de Yiztjak Rabin” en Deuteronomio

  • Por último, el fenómeno más sofisticado y dependiente de la informática de todos estos secretos ocultos es conocido como “el de los sabios judíos famosos” cuyos defensores (Prof. Eliyahu Rips del Departamento de Matemáticas de la Universidad Hebrea, junto con Doron Witztum y Yoav Rosenberg) argumentan que uno puede encontrar referencias en ELS codificadas con los nombres de varias decenas de sabios rabínicos medievales y, próximo a sus nombres, sus fechas (mes hebreo y día) de nacimiento y/o muerte utilizando una proximidad estadísticamente improbable. Por ejemplo, el nombre y acrónimo del Rabino Shlomo Luria (“Maharshal”) y la fecha de su muerte (12 de KiELSv), todos compuestos por ELS de diversa longitud, se puede encontrar uno cerca del otro en una matriz que comprende el texto de Génesis 20:9-22:2 (Fig. 3)

Fig. 3. “Rabbi Shlomo Luria” (el Maharshal) en Génesis

Para ser justos habría que distinguir entre lo que demandan los diferentes defensores de los códigos en la Biblia. Los profesores de los seminarios “Discovery” patrocinados por la yeshiva Aish Ha Torah; Rips y Witztum en sus publicaciones; y Moshe Katz en su libro Computorah sostienen que la Torá codifica referencias a personas y eventos de un tiempo después al tiempo bíblico como, por ejemplo: Maimonides y los otros sabios medievales famosos mencionados, el Holocausto, la Guerra del Golfo de 1991, etc. Algunos de estos defensores utilizan los códigos para demostrar el origen divino de la Torá y de esta manera ganar judíos hacia las facciones ortodoxas. Otros, especialmente Drosnin, han ido mucho más lejos con el argumento que los códigos de la Torá se pueden utilizar para predecir eventos futuros. Drosnin afirma haber advertido a Rabin de su asesinato antes de que ocurriera; declara que predijo la elección de Benjamin Netanyahu; que ha advertido de un ataque atómico futuro hacia Israel por parte de Libia desde Jordania y muchos otros desastres. Rips y Witztum han repudiado este uso de adivinación en su trabajo.

En lo que sigue sostengo que toda utilización de “Los Códigos Secretos de la Biblia” es engañoso. Es una falacia por lo que sabemos sobre la historia del texto bíblico, por las fallas en el intento del fenómeno de los “sabios judíos famosos” mencionado en el punto anterior (ver punto 3), y por la arbitrariedad de los métodos por los cuales los decodificadores identifican qué letras pertenecen a los presuntos patrones y mensajes y cómo luego proceden a interpretarlos.

¿Es nuestra Biblia la original?

Sea cual sea el propósito por el cual utilizan los supuestos códigos, sus defensores dependen de la suposición que el texto de la Biblia en el que ellos basan sus hallazgos es universalmente aceptado entre los judíos y es totalmente idéntico al texto original. Es esencial para ellos insistir en este punto porque el código consiste principalmente en la búsqueda de palabras formadas por secuencias de letras que son equidistantes entre sí (nuevamente, las ELS). Lo que convierte estas palabras en mensajes o patrones de sentido es el hecho que cuando el texto de la Torá se presenta en una rejilla cuyas dimensiones son determinadas por el tamaño de las ELS, se forman estas palabras y aparecen inesperadamente cerca e incluso a veces se cruzan en forma de crucigrama con otras palabras (tanto palabras reales sin letras omitidas del texto bíblico como otras palabras formadas por letras equidistantes). Esto hace que sea obvio por qué los defensores de los códigos deben asumir que su texto es exacto hasta la última letra. Si el espacio entre las letras de un “mensaje” o algún patrón significativo formado por letras equidistantes llega a cambiar en una sola letra, entonces la distancia destruye cualquier patrón o mensaje.

La Edición Koren

La edición de la Biblia Hebrea utilizada por los decodificadores es la edición Koren, publicada en Jerusalén en 1962. Se distingue por su hermosa tipografía hebrea. Pero la historia del texto bíblico muestra que es prácticamente inconcebible que este texto, o cualquier otro texto conocido de la Torá en la actualidad, sea idéntico al texto original, letra por letra. Si bien hubo un ideal de un texto que no cambia, idéntico en todas las copias, este ideal nunca se logró en la práctica ya que todos los manuscritos y otras pruebas nos permiten ver el incumplimiento de esta norma.

El Texto Masorético

No es que carecemos de buenos textos. Todas las formas del Tan aj que utilizamos hoy en día son las formas de lo que se conoce como el “Texto Masorético” (en adelante TM). El nombre proviene de los eruditos medievales (los ba’alei hamesorah) que trabajaron durante varios siglos para producir el texto más preciso que podían. El TM en uso hoy en día se basa en manuscritos que poseían los ba’alei hamesorah entre los siglos IX y X de la Era Común los cuales a su vez se basaban en otros manuscritos más antiguos. Estos textos han permanecido en gran parte sin cambios desde los tiempos finales del Segundo Templo (ca. siglo III Antes de la Era Común, como se refleja en el primero de los rollos del Mar Muerto hallados en Qumran). Pero, aunque el texto ha sobrevivido en gran parte sin cambios, hay un gran número de lecturas alternativas, la mayoría de las cuales no cambian sustancialmente el significado del texto, pero afectan drásticamente el número de letras que contiene la Biblia. De hecho, en el manuscrito completo más antiguo de toda la Biblia (el Códice de Leningrado B19A que fue editado en 1009 EC.), la Torá tiene unas 45 letras más que las 304.805 de la edición Koren. Además, dicho texto del siglo III AEC era en sí mismo varios siglos más antiguos que el original que fue compuesto en los siglos precedentes (en su mayoría entre los siglos XIII y VII AEC aunque algunos libros de la Biblia fueron compuestos unos siglos más tarde). Entre los siglos que separan la composición de los libros bíblicos originales del texto masorético basado en la copia del siglo III AEC, muchos cambios ya habían afectado a este texto.

Cambios históricos en el texto de la Biblia: diferencias en ortografía y variantes textuales.

  • Las diferencias en ortografía. Las diferencias en la ortografía implican la forma en que el texto bíblico indica vocales. Como es bien sabido, la Biblia contiene dos sistemas diferentes para indicar las vocales.
  1. El más completo y preciso de los dos sistemas es el que se compone de vocales a partir de lo que se conoce en hebreo como nekudot, eso es, diversas configuraciones de puntos y líneas que representan las diferentes vocales hebreas. Este sistema, introducido en la Edad Media por los ba’alei hamesorah, se utiliza hasta el día de hoy en las Biblias impresas. En este sistema las diversas configuraciones de líneas y puntos se superponen sobre el sistema antiguo, es decir, el sistema que se preserva sin vocales en los rollos que son leídos durante el servicio religioso.
  2. El viejo sistema tradicional (el de los rollos, es decir el hebreo sin agregados de nekudot) utiliza ciertas letras hebreas que son consonantes como vocales. Por ejemplo, Vav (en hebreo “ו”) y Yod (en hebreo “י”) indican ciertos grupos similares de vocales (Vav puede representar una “u” y “o”; Yod puede representar una “i” o una “e larga”). Cuando funcionan como vocales, estas letras se llaman “letras vocales” o “mater lectionis” (immot keriah en hebreo), literalmente “madres de la lectura”. Estas letras no se utilizan con una consistencia perfecta. “David”, por ejemplo, se puede escribir DVD (דוד) o DVYD (דויד) y “Shomer” se puede escribir SHMR (שמר) o SHOMR (שומר). La ortografía con la “letra vocal” se llama ortografía “completa” y la ortografía sin estas letras que indican vocales se llama “defectuosa” (este último término no implica nada erróneo, es simplemente una convención). El uso de “letras vocales” está atestiguado ya en los manuscritos bíblicos más antiguos conocidos hasta la actualidad: los Rollos del Mar Muerto. Pero estas “letras vocales” no siempre aparecen exactamente en los mismos lugares en los que se utilizan en el texto masorético que la mayoría de nosotros utilizamos hoy. Por otra parte, la evidencia arqueológica indica que este sistema de escritura se fue desarrollando gradualmente; la evidencia disponible indica que no fue desarrollado hasta después de la época de Moisés. La adopción de este sistema afectó de forma natural el texto de la Biblia y el número de letras que contiene.
  • Variantes textuales. Además de los cambios causados por la evolución del sistema de escritura mencionado en el punto anterior, la copia a mano de los textos medievales creó de forma natural muchas variaciones, algunas por error y algunas intencionales. Esto ocurre prácticamente con todos los textos previos a la imprenta. Pensemos que ni siquiera estamos seguros de la redacción exacta del Discurso de Gettysburg escrito en 1863 (por no hablar del texto original de las obras de Shakespeare y de ciertas partituras musicales). ¡Incluso las Biblias impresas contienen errores tipográficos! Algunas impresiones en inglés han adquirido apodos graciosos a causa de los errores tipográficos: una edición de la Biblia King James se llama “La Biblia de los Imprenteros” porque menciona “imprenteros [en lugar de príncipes] me han perseguido sin causa” (Salmo 119:161). Otra Biblia impresa en 1631 se la conoce como “La Biblia de los Malvados” porque en ella el séptimo mandamiento omite una palabra y dice: “Tú cometerás adulterio” (¡los imprenteros fueron multados severamente por dicho error!).

En el caso del texto hebreo de la Biblia, podemos ver las variantes textuales con suficiente claridad al comparar los textos que aparecen dos veces en la Biblia. Por ejemplo, uno de los Salmos aparece tanto en Samuel II versículo 22 y en el Salmo 18 con numerosas diferencias: una palabra es reemplazada por otra, las palabras están presentes en una versión, pero no en la otra y hay incluso diferencias de ortografía (por ejemplo, muchas palabras que se escriben de manera “defectuosa” en Samuel II versículo 22 tienen la ortografía más completa, con “mater lectionis”, en el Salmo 18).

Los antiguos manuscritos de la Biblia también contienen numerosas lecturas que difieren de las del Texto Masorético. Estos incluyen manuscritos de la región del Mar Muerto (en su mayoría anteriores al año 70 EC), la Septuaginta (la traducción griega de la Torá hecha de un original hebreo en el siglo III AEC para la comunidad judía de Alejandría), y la Torá de los samaritanos. La gran mayoría de las diferencias son insignificantes variaciones en la ortografía y la gramática que no afectan el sentido del texto, pero sí afectan el número de letras en cada verso. La mayoría de estas lecturas poseen errores o modificaciones realizados en aras de una mayor claridad por los escribas (las mater lectionis se introdujeron gradualmente y sin consistencia perfecta). Algunos llaman la atención sobre el hecho de que ciertas frases pueden haber caído en desuso antes de llegar al TM, como los desaparecidos “Y Dios vio que esto era bueno” en Génesis 1: 7-8 (presente en la Septuaginta), “el fruto de tu ganado” en Deuteronomio 28:18 (contraste con el versículo 4; presente en el Pentateuco Samaritano y algunos manuscritos medievales hebreos de la Torá), y las palabras de Caín a Abel en Génesis 4:8 (el Pentateuco Samaritano, la Septuaginta y algunos targumim -traducciones- en arameo agregan “ven salgamos al campo,” a pesar de que pueden haber adivinado estas palabras a partir del contexto).

Una variante particularmente interesante consiste en Deuteronomio 6:20, en la que el niño pregunta: “¿Cuáles son los decretos, leyes y normas que el Señor nuestro Dios les ha ordenado?”. Como es bien sabido, este versículo es la base para la pregunta del hijo sabio en la baraita citada en la Hagada de Pesaj. Pero esta cita de la Torá ha causado un sinfín de dolores de cabeza para los comentaristas porque la declaración del niño que Dios ordenó a “ustedes” en lugar de “a nosotros” hace que su pregunta sea tan mala como la del hijo malvado quien pregunta (Éxodo 12:26) “¿Qué es este rito para ustedes?” después de lo cual la baraita establece que el pronombre (ustedes) es la parte ofensiva de su pregunta en la que se separa de la tradición. Pero en la versión de la Septuaginta para Deuteronomio 6:20, el hijo en realidad dice “nosotros” y justamente esa es la lectura que se encuentra en las fuentes talmúdicas de la baraita (la Mejilta, Talmud de Jerusalén como así también en los manuscritos de la Hagada). En otras palabras, esta fue la lectura de referencia que se encuentra en los textos de la Torá citadas por los rabinos que primero enseñaron esta baraita. Y con esta lectura la pregunta del hijo sabio no causa problemas. Pero si lo hace si nos basamos en el Texto Masorético (TM).

El ejemplo anterior es uno de los tantos pasajes de la literatura talmúdica en la cual los rabinos citan versículos bíblicos con redacción u ortografía que difiere de la versión que poseemos nosotros actualmente en la Torá basada en el TM. Es posible que algunas de estas variantes sucedan porque los rabinos citaban versículos de memoria o por errores de los escribas en la copia de los textos rabínicos. Pero a veces estas variantes entre la cita del Talmud y la Torá aparecen en otras versiones de los textos bíblicos como la Septuaginta o los rollos del Mar Muerto, lo que demuestra que se basan en textos reales de la Biblia tal como la conocemos hoy. Lo más importante es que a veces el Talmud sienta su base en cuestión de Ley basándose justamente en la ortografía de ciertas palabras particulares (por ejemplo, el número de compartimentos requeridos en el tefilín de la cabeza) y sin embargo la ortografía difiere de la que se encuentra en el TM. En tales casos, los rabinos del Talmud confiaron en la exactitud de la lectura en la que se apoyaron y ninguno de sus colegas impugnó sus lecturas. Este es un hecho importante: la Biblia Koren y todos los demás textos en uso hoy en día contienen lecturas que difieren de la ortografía que el Talmud confiaba eran las correctas.

Por otra parte, en lo que refiere al número de letras y palabras que hay en la Tora, también vale la pena tomar nota de lo siguiente: un pasaje muy desconcertante en el Talmud babilónico afirma que de acuerdo con los “primeros estudiosos”, la letra que se encuentra en la mitad de toda la Torá está en Levítico 11:42 y el par medio de palabras aparece en Levítico 10:16. Sin embargo, en Koren y todos los demás textos utilizados en la actualidad, la letra media aparece 4.830 letras antes (en Levítico 8:28) y las palabras del medio aparece 933 palabras antes (en Levítico 8:15). Ha habido numerosos y rebuscados intentos para explicar esta discrepancia entre el Talmud y el TM. A menos que la tradición de los “primeros estudiosos” se haya basado en cálculos erróneos, parece dar a entender que se estaban refiriendo a un texto de la Torá que fue en algún momento de una longitud diferente al texto que poseemos hoy o tal vez tenían los pasajes pertinentes a Levítico un orden diferente de lo que leemos en la actualidad.

Es cierto que la opinión predominante en la tradición judía es que la Torá ha permanecido sin cambio alguno, letra por letra, ya que fue dada por Dios a Moisés. Pero esta no es la única posición que se ha considerado posible y varios estudiosos ortodoxos contemporáneos que son críticos de “Los Códigos Secretos de la Biblia” reconocen ciertos cambios en el texto de la Tora. No menos que una figura como el rabino David Tsvi Hoffmann escribiendo sobre su convicción de la integridad del TM (texto masorético), reconoció que las variantes implícitas en fuentes talmúdicas puede indicar que el TM no escapó completamente del error del escriba aunque insistió en contra de quienes intentaban enmendar el texto declarando que no hay manera que los eruditos puedan ya restaurar el texto a una versión original.

Fuentes tradicionales judías que reconocen que han habido cambios

  • Hay un informe talmúdico que tres pergaminos que contienen lecturas diferentes se encontraron en el Templo. Las diferencias se resolvieron de forma mecánica mediante la adopción de la mayoría, es decir, siguiendo la lectura que se encuentra en 2 de los 3 rollos. La necesidad de recurrir a este método implica que no se tenía conocimiento seguro sobre qué lecturas eran correctas; por lo tanto, no hay certeza que la adopción de ir tras la mayoría haya necesariamente resultado en la restauración de la lectura original.
  • Fuentes talmúdicas y midráshicas medievales listan entre 7 y 18 pasajes bíblicos con “correcciones de los escribas” (Tikkunei Soferim). Las fuentes conservan dos tradiciones en cuanto a lo que implican estas correcciones: algunas fuentes describen las correcciones como eufemismos en la que el texto bíblico utiliza una frase aparentemente incongruente evitando el uso de una expresión que podría parecer una falta de respeto para con Dios; otras fuentes sostienen que el texto originalmente contenía una frase que aparentemente representaba una falta de respeto y los escribas cambiaron eso para evitar dicho atrevimiento.
  • Cualquiera que mire un rollo actual de la Torá en cualquier sinagoga del mundo descubrirá que aparecen puntos por encima de ciertas letras en la Torá. Avot de Rabbi Nathan indica que los puntos fueron colocados allí por Ezra el escriba. Ezra explicó que sí Eliahu lo desafiará por haber escrito esos puntos, él mismo diría que las escribió. Y si Eliahu diría que tenía razón para haber escrito esos puntos, entonces Ezra los borraría. En otras palabras, Ezra estaba inseguro si las letras en cuestión pertenecían allí o no. Su práctica de agregar puntitos sobre ciertas palabras se corresponde con la de los gramáticos alejandrinos que utilizaban puntos para indicar pasajes dudosos, tal como era la norma de la época.
  • El TM incluye el sistema kere y ketiv en el que notas marginales indican que:
  1. ciertas palabras deben ser leídas de manera diferente a lo que aparece escrito en el texto;
  2. ciertas palabras en el texto no se deben leer en absoluto y;
  3. ciertas palabras que no figuran escritas deberían leerse allí, aunque no estén.

Varias explicaciones se han sugerido para este sistema. El gramático medieval y comentarista Radak (Rabí David Kimhi, ¿1160 -1235?) explicó que este sistema fue creado porque los textos bíblicos se perdieron durante el exilio en Babilonia y los mejores estudiosos murieron. Los estudiosos posteriores que restablecieron el texto encontraron diferentes lecturas en los manuscritos conservados y aceptaron la lectura que se encuentra en la mayoría de los manuscritos. Pero cuando no pudieron decidirse sobre una lectura indicaron ambas posibilidades con estas notas marginales. La explicación de Kimhi del sistema kere y ketiv, igual que el punto anterior mencionado, también implica que no estamos seguros que tenemos las lecturas originales.

Las autoridades judías medievales eran muy conscientes de estos fenómenos textuales

  • Las variantes de lectura en las citas que el Talmud hace de Biblia fueron bien conocidas por las autoridades judías en la Edad Media. Como lo expusieron los tosafistas (los discípulos de Rashi): “Nuestro Talmud no está de acuerdo con nuestra Biblia” (TB. Shabat 55b). Desde el siglo 13 hasta el siglo 19 las principales autoridades rabínicas insistieron en que los rollos de la Torá debían ser corregidos para adoptar las lecturas talmúdicas, al menos en pasajes donde una ley se basa en una lectura particular, pero sus insistencias fueron en vano. Hasta el día de hoy todas las Biblias judías, incluyendo la Biblia Koren en que se basan “Los Códigos Secreto de la Biblia”, contienen lecturas que son inconsistentes con las citadas en el Talmud.
  •  Las discrepancias entre los buenos ejemplares del texto masorético fueron reconocidos y discutidos durante la Edad Media y más adelante también. El pasaje del Talmud en Kidushin 30a identificando la letra, palabras y versículos que se encuentran en la mitad de la Torá concluye con la afirmación que es imposible determinar si la letra del medio pertenece a la primera mitad de la Torá o la segunda mitad debido a que “no somos expertos en deletreo completo y defectuoso” (es decir, el uso de letras vocales que ya mencionamos). Este pasaje fue citado a menudo en la Edad Media para explicar las discrepancias entre los manuscritos y como razón para que un rollo de la Torá no deba ser declarado no apto para su uso únicamente sobre la base de estas discrepancias en ortografía. Los tratados masoréticos sobre vocalización “completa y defectuosa” como Minjat Shai (1626) – que todavía está comúnmente impreso en las Biblias rabínicas (Mikra’ot Guedolot) – discute regularmente las diferencias ortográficas entre distintos textos. Fue sólo con el surgimiento de la imprenta que se logró una mayor uniformidad textual, pero aún hoy en día, no hay una versión universalmente acordada de los manuscritos del texto masorético. La Torá que poseen los judíos yemenitas difiere de la edición Koren en la ortografía de nueve palabras. Sus lecturas son adoptadas en la edición editada por el rabino Mordechai Breuer y publicados por el Mossad Rabí Kook. Estas lecturas -que reducen el número total de letras en la Torá por cuatro – coinciden con el Códice de Aleppo que Maimónides en el siglo XII dijo que era considerado el texto más fiable en su tiempo. Este es un punto que los decodificadores de “los códigos secretos de la Biblia” deberían reflexionar: están confiando en un texto que no sólo no está de acuerdo con el Talmud, sino que también está en desacuerdo con el texto utilizado por Maimónides quien fue una de las mayores autoridades en la ley judía en la historia.

En resumen, aparte de la evidencia arqueológica sobre la historia de la ortografía hebrea y la evidencia de los manuscritos sobre la historia del texto bíblico, las declaraciones explícitas en las fuentes talmúdicas y más tarde en otras fuentes judías dejan muy claro que las copias presentes del TaNaJ no son idénticas al texto original. Incluso los editores de la edición Koren han declarado lo mismo. Cuando esta edición fue publicada por primera vez en 1962, en un programa nacional que celebró su publicación uno de los editores dijo: “No pretendemos que hemos establecido nuestra edición sobre la base de las tablas que Moisés bajó del Monte Sinaí”. Tenía toda la razón.

Por supuesto que uno podría afirmar que cualquiera que sea la prehistoria del TM y la versión computarizada del texto Koren, en este último texto ¡los códigos de la Biblia funcionan! Tal vez los editores Koren fueron guiados milagrosamente para producir el texto que contiene los códigos secretos. Está más allá de mis capacidades entender por qué Dios habría permitido que los rabinos del Talmud basaran las leyes en un texto que Él sabía que acabarían por cambiar.