Entre la Leyenda y la Realidad

La leyenda caballeresca

La leyenda de Caballeria

Hablar del “Santo Grial” es hablar por un lado de leyendas e historias medievales noveladas bajo el ideal caballeresco del s. XII y por otro lado de una reliquia real, que, tras un largo periplo histórico de muchos siglos, llego y todavía está en la Catedral de Valencia.

La leyenda del Grial, con todas sus connotaciones simbólicas, mágicas y religiosas, debe su nacimiento a una de las historias que a lo largo de casi un milenio ha suscitado leyendas, fábulas y toda clase de tramas novelescas tejidas a su alrededor y que, al día de hoy, todavía es capaz de mover el interés de la gente dadas sus connotaciones “ocultas”. La propia palabra grial, proviene del término latino “gradulus” = plato (escudilla o bandeja para llevar los alimentos en diferentes momentos o “gradus” de un banquete), que en occitano antiguo derivo en “gradalis” o “gradale” y en lengua vernácula se llamó “greal”.

También en algunos textos medievales apareció trascrito como “San Gréal” (derivado de una supuesta forma francófona de “sangre real”) lo que dio lugar a interpretaciones esotéricas de supuestos descendientes de Cristo.

Los caballeros de la mesa redonda

La primera mención literaria del Grial corresponde a un clérigo francés llamado Chrétien de Troyes, que entre 1160 y 1190 que compuso “El Cuento del Grial”(o Percival) en el cual aparecía un objeto de simbolismo cristiano, pero Chrétien no explico en qué consistía el grial, y la obra se interrumpió bruscamente. Si la obra de Chrétien de Troyes marco el comienzo de la leyenda, fue poco más tarde Robert de Boron y Wolfram von Eschenbach quienes la desarrollarían la leyenda a la manera que la conoció la Europa medieval. Robert de Boron, en su obra Joseph d’Arimathie y Estoire del San Graal, fue el responsable de transformar el “grial” de Chrétien en “El Santo Grial”, espiritualizando y convertido en la copa de la Última Cena en la cual José de Arimatea recogió la sangre de las heridas de Cristo durante la crucifixión. De Boron también afirmo que José y su familia llevaron el Grial a Britania, enlazando así la historia bíblica con la leyenda artúrica. Por su parte Wolfram von Eschenbach escribió más tarde “Parsifal” (que inspiro la ópera de Richard Wagner); en su historia se presentan paralelismos con la novela francesa de Boron, aunque con elementos más específicos como la identificación del Grial con una piedra preciosa, el “lapis exillis” del Apocalipsis que facilitaba el alimento, era fuente de juventud que impedía envejecer curando enfermedades, y se hallaba custodiada por una cofradía de caballeros guerreros, castos y puros. La novedad que aporto Eschenbach fue conjugar dos facetas de difícil armonización: el servicio caballeresco y el servicio religioso. Un tercer ciclo de novelas más extensas y en prosa lo compuso la llamada “Vulgata Artúrica”, dichas novelas se escribieron anónimamente en el siglo XIII, con el tema del Grial ya directamente relacionado con la leyenda artúrica, que consagro la cristianización del mito. El ciclo es un conjunto de tres libros (Lanzarote, Búsqueda del Grial, y la Muerte de Arturo), en estos tres libros, se recoge todo lo escrito anteriormente sobre el tema, desde el origen del Grial a la desaparición del mundo artúrico, bajo el prisma de la búsqueda religiosa del Santo Grial.

Solo los dignos podrán acercarse a Él

Pero el tema literario del Grial quedo en latente a partir del siglo XIV prácticamente hasta el siglo XIX, arraigando en la percepción estética y esotérica con el Romanticismo. Principalmente fueron dos los artistas que iniciaron esta recuperación, el compositor alemán Richard Wagner y el poeta inglés Alfred Tennyson, seguidos por otros muchos artistas.

El Grial Físico

Sin embargo, la historia del Santo Cáliz es otra bien distinta; según la tradición apócrifa, a la muerte de la Virgen, los discípulos de Jesús se repartieron cuanto de él se conservaba y San Pedro se llevó el Cáliz a Roma, donde se le dio culto en los primeros siglos cristianos. Pero a causa de las frecuentes persecuciones de cristianos en época de Valeriano (258), el papa Sixto II entregó la reliquia a San Lorenzo, su diacono, el cual hizo trasladar el cáliz a Huesca, su patria. Allí permaneció el Cáliz hasta el año 712, en que los cristianos, protegiéndola de los árabes, la escondieron en los Pirineos en diversos lugares como Yerba, Siresa, Jaca, etc. y finalmente en el Monasterio de San Juan de la Peña (Huesca). De allí, en el año 1399, según citan los historiadores, pasó a Zaragoza, al palacio real de la Alfajería, donado por la comunidad de San Juan de la Peña al rey de Aragón, don Martín I el Humano (el cual, agradecido, entregó a perpetuidad a cambio, a los monjes de San Juan de la Peña, otro cáliz de oro).

Formando parte de los tesoros y reliquias del Arca Real de Reliquias de la Corona de Aragón, paso a poder de los monarcas de la Dinastía de Antequera, nuevos reyes de la Corona de Aragón, que la llevaron a Barcelona, hasta que, en el año 1437, el rey Alfonso el Magnánimo, que había traído a Valencia las reliquias para la Capilla Real de su palacio, habiéndose de ausentar del Reino, las entregó a la Catedral en garantía de pago de sus deudas. Pero ante la imposibilidad del monarca de devolver al cabildo los 137,430 sueldos que éste le había prestado por cinco años, para sus campañas militares; el 18 de marzo de 1437 cedió todas las reliquias puestas como aval, entre ellas, el Santo Cáliz. Por ello el Santo Cáliz fue y es venerado, junto a las demás reliquias de la Casa de Aragón en la Catedral de Valencia.

El Cáliz con su estructura y adornos que lo protegen

El Cáliz o Grial del Siglo I, sin adorno alguno

La reliquia en si está formada por una copa de piedra, (ágata oriental o calcedonia veteada, de la variedad llamada cornalina) de color rojo oscuro, datada por los expertos en el siglo I; el pie de la copa está constituido por una naveta o cuenco de factura árabe, en posición invertida, también de calcedonia, ribeteada en oro y la unión entre el pie y la copa la forman un vástago prismático de oro, trabajado con decoración incisa, así como las dos asas. Dicha montura está engarzada con perlas y esmeraldas y tanto el pie como las asas, fueron montados en tiempos medievales.

El Santo Grial de Valencia, una inscripción en letra cúfica rece "Li-Lzahirati", esto es, "para el que da brillo" o "resplandece"?
Pero a pesar de su "dorado revestimiento"…, le texto precisa que el Cáliz está hecho de piedra..., al igual que la Tierra. Concretamente de ágata, una variedad del mineral más común en la corteza terrestre: el cuarzo.

La reliquia en si está formada por una copa de piedra, (ágata oriental o calcedonia veteada, de la variedad llamada cornalina) de color rojo oscuro, datada por los expertos en el siglo I; el pie de la copa está constituido por una naveta o cuenco de factura árabe, en posición invertida, también de calcedonia, ribeteada en oro y la unión entre el pie y la copa la forman un vástago prismático de oro, trabajado con decoración incisa, así como las dos asas. Dicha montura está engarzada con perlas y esmeraldas y tanto el pie como las asas, fueron montados en tiempos medievales.

El Santo Cáliz fue trasladado a la Sala Capitular de la Catedral de Valencia (donde se exhibe actualmente) en el año 1916, pues hasta entonces la reliquia no se exponía; se guardaba en la Sala de Reliquias de la Catedral para prevenir incidentes, ya que hasta 1744 la reliquia era usada con regularidad en los Oficios del Jueves y Viernes Santo, pero el 3 de abril de 1744, durante la celebración de la misa del Viernes al copa se desprendió de la base y cayó al suelo rompiéndose (los fragmentos fueron recogidos y se avisó al maestro platero Lluis Vicent, que lo recompuso en presencia de varios Canónigos y del notario Juan Claver. Don Vicente Frígola, Arcediano Mayor y canónigo de la Catedral que actuaba de Preste en los oficios cuando ocurrió el hecho, quedó tan afectado que enfermó y murió a los quince días) por lo que a partir de esta fecha se decidió que el Cáliz no fuera usado para culto alguno.

Entre la Realidad y la Leyenda

Por todo ello diremos que el Santo Grial y el Santo Cáliz, siendo el mismo objeto con diversas nomenclaturas, representan dos vías diferentes de búsqueda de La Verdad, una a través de las leyendas y los mitos esotéricos de otro tiempo y el otro a través de la tradición y fe cristianas.