El fusilamiento de Maximiliano (1867) por Édouard Manet

La leyenda de Justo Armas o de Maximiliano

Benito Juárez

Justo Armas, apareció un día en la ciudad de San Salvador. Cuando se le veía en público, iba elegantemente vestido pero descalzo. Cuando murió en 1936, seguían en pie muchos interrogantes. ¿Era Justo Armas el emperador de México, Maximiliano I de Habsburgo?

 

Según la historia, Maximiliano de Habsburgo llega al trono de México por el afán de Napoleón III en organizar la existencia a todo su entorno. Pero las cosas no salen bien y el emperador francés es el primero en dejar colgado al emperador mexicano, llevándose a todos los soldados galos que quedan en México. Maximiliano es capturado por las tropas republicanas de Benito Juárez el 15 de mayo de 1867, y un mes después, el 19 de junio, es fusilado en compañía de sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía, en el Cerro de las Campanas de la ciudad de Querétaro, a las siete y quince de la mañana.

 

Según la leyenda, Maximiliano sobrevivió. Pero además de católico era masón y las normas de la masonería impiden que sus miembros se maten entre sí: tanto Maximiliano como Juárez eran masones. Éste último se veía ante una disyuntiva: ordenar el fusilamiento del emperador decidido en un juicio sumarísimo o salvar como sea a su hermano masón. Se cree que los soldados encargados de ejecutar el fusilamiento no conocían a Maximiliano de Habsburgo, no sabían cómo era realmente su apariencia física, con lo cual no iban a cuestionar que el hombre que tenían ante ellos era el emperador de México. ¿A quién se le ocurriría algo así en ese momento? Hay unas fotos en las que sale el cadáver de un hombre que dicen que es Maximiliano, pero no se le parece, ni hay claridad en los registros de defunciones de la época.

Maximiliano de Habsburgo

Se insiste que Maximiliano de Habsburgo fue sujeto de perdón por parte de Benito Juárez y no fue fusilado, y se inicia el rumor de que el Emperador de México incomprendido y menospreciado, no fue fusilado al lado de los generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía en el Cerro de las Campanas en Querétaro.

 

Dice el escritor don Armando Fuentes Aguirre en su obra La Roca y el Ensueño, que a pocas horas de la ejecución, el general Mariano Escobedo quien no obstante trabajar a las órdenes de Benito Juárez, urdió un plan para que Maximiliano pudiera escapar. Otros historiadores cuentan que no obstante las facilidades que Escobedo le brindó, Maximiliano por compañerismo se negó a aceptar dicha oportunidad.

 

La semana anterior a su fusilamiento asistió a una fiesta la cual culminó con una quema de fuegos artificiales. Uno de los cuetes fuera de control fue a parar tan cerca de Maximiliano al punto de quemarle la mitad de su barba. De aquí la primer pregunta ¿por qué en las ilustraciones y fotografías exhibidas del fusilamiento, la persona que aparentemente era el emperador lucía una barba completa…?

 

Juárez nunca aceptó negociar a propuesta de Maximiliano y jamás antes se encontró con él. Lo conoció ya muerto en el lugar en que depositaron su cuerpo a efecto de embalsamarlo. La labor del médico de apellido Licea a cargo de lo anterior, fue igual a la de un carnicero.

 

El color de los ojos del emperador era azul. En cambio los del cuerpo que Licea embalsamó café. Fue tanta la carnicería, al punto de pedir el médico que le entregaran los ojos azules insertos en una estatua de Santa Úrsula para sustituir con ellos a los que contenía el cadáver.

 

Luego de fusilado, en medio del estertor, el testigo oficial del episodio dijo que segundos antes de fallecer balbuceó la palabra “hombre”. De aquí el cuestionamiento ¿Es lógico pensar que una persona próxima a morir se exprese en idioma distinto al que corresponde a su nacionalidad…?

 

El cuerpo de Maximiliano embalsamado con los ojos de Santa Úrsula

Después de un segundo embalsamamiento, se preparó el cadáver y se autorizó se enviara a Austria. Se cuenta que la madre luego de haberlo observado reclamó y ordenó que lo llevaran a otra parte dado que según ella, no correspondía al cuerpo de su hijo.

No se sabe si Juárez hizo simular un falso fusilamiento o si hizo de la vista gorda a un rescate preparado por otros, lo cierto es que aparentemente Maximiliano salvó la vida.

Después de la ejecución, Juárez publicó una proclama, comunicando que Maximiliano de Habsburgo había sido “hecho justo por las armas”, y de ahí el nombre con que fue conocida la nueva identidad del supuestamente difunto emperador.

Maximiliano iría a El Salvador, donde el capitán general Gerardo Barrios (también masón) facilitaría su estancia en la capital del país.

Maximiliano a la izquierda y Justo Armas a la derecha

En 1871 a 4 años del suceso, en la hoy República del Salvador apareció un misterioso personaje que se dijo llamar Justo Armas.

 

Convivió con la alta sociedad de la región quien lo recibió con simpatía. Vestía al estilo de la aristocracia europea y sus modales denotaban que provenía de la realeza. Caminaba descalzo por una promesa que hizo a la Virgen del Carmen, gracias a la cual según decía había salvado la vida.

 

Era un hombre culto, hablaba varios idiomas –entre ellos el alemán– y estaba muy al corriente de quién era quién en las casas reales europeas. Como no podía vivir del aire montó un negocio, un servicio de catering de alto standing: cuando sus servicios eran requeridos, Justo se encargaba de servir un magnífico banquete en platos de porcelana de Sèvres, con cubiertos de plata e iluminaba la estancia con candelabros de plata también.


Cuando le preguntaban por su origen, don Justo contaba ser el único sobreviviente de un naufragio, cerca de Acajutla, y que en medio del peligro, juró que no volvería a llevar zapatos si se salvaba. Despertó en una cabaña, donde lo cuidaba una anciana y los pescadores de la zona pudieron rescatar parte de sus bienes.

 

Pero ¿por qué pudieron recuperar los cubiertos y los candelabros que sólo por el peso se habrían ido al fondo? ¿De dónde salieron todos los objetos personales de Maximiliano que estaban en poder de Justo?

 

Según algunos investigadores, la vajilla que utilizaba Justo en sus comidas era del mismo juego que la Casa Christofle hizo a Maximiliano y Carlota... Además, Justo Armas y el difunto emperador presentaban un parecido inquietante. Aunque se sabe que Justo iba siempre descalzo, pero eso no impedía que se apreciara en él el porte y la distinción que se le supone a un archiduque.

 

Don Gregorio Arbizú fungía como vicepresidente de aquel país. Su amistad fue muy estrecha con Maximiliano, al grado de darle alojamiento en su propia casa.


En 1915, Justo Armas recibe la visita de representantes del gobierno austro-húngaro, y testigos de dicha visita que entendían el alemán, afirman haber oído súplicas de que "regresara a Austria para suceder en el trono a su hermano Francisco José, gravemente enfermo". "Soy mayor y estoy cansado, sólo quiero que me dejen tranquilo" fue lo que se oyó por respuesta.

 

Si esto fuera verdad, sería la muestra de que en Austria-Hungría estaban al corriente de que el archiduque Maximiliano no había muerto, pero por conveniencia habían seguido la corriente a Benito Juárez. Al fin y al cabo, si Maximiliano era demasiado liberal para los intereses de Francia, más aún si cabe para los intereses de la corte austriaca.


Justo había sido acogido por una familia, los Arbizú, entre los que también había masones. De hecho, fueron ellos sus herederos.

 

Cuando llegó su hora de morir, llamaron a un sacerdote, el arzobispo de San Salvador monseñor Belloso Sánchez, con el fin de darle la extremaunción. Justo hizo un repaso de su vida, de las personas que conoció y de su vida en Viena. Al salir de la estancia, el arzobispo manifestó en voz alta el origen imperial de Justo.

 

Cuando Armas se quedó solo en su habitación, vio acercarse a su lecho de muerte una sombra ¿sería la Dama Blanca que se aparecía a los Habsburgo cuando había una muerte inminente en la familia? Y Justo/Máximiliano murió.

 

Luego de su muerte, el Habsburgo heredó a favor de los Arbizú sus bienes, los cuales incluían vajillas, cuchillería, mantelería, condecoraciones, muebles de colección austro-húngaros y más, todos exhibiendo el escudo imperial de la bandera mexicana.


Pasó el tiempo, y hubo gente que quiso demostrar que Maximiliano y Justo Armas eran el mismo hombre. Se han hecho estudios de los rasgos faciales, se han hecho pruebas grafológicas y se han estudiado objetos personales. Todos llegan a una conclusión: Justo era Maximiliano. Pero falta una prueba concluyente, la del ADN, que está pendiente de hacerse porque los Habsburgo alegan que abrir las tumbas de los hermanos de Maximiliano sería un sacrilegio, mientras que los Arbizú no pusieron ningún inconveniente en que se tomara una muestra del ADN de Justo.