Porfirio Díaz residía en la Calle de Cadena, después llamada Capuchinas y hoy Venustiano Carranza. Abajo, en una postal coloreada de la “Sonora News Company” fechada en 1887, donde aparece la casa a la izquierda, pintada de blanco…

La casa de Don Porfirio Díaz hoy ya no existe pero así fue.

La casa con el número 8 en la 3° calle de Cadena perteneció al oidor de la colonia Guillermo de Aguirre y Viana, también hospedó a Simón Bolívar durante su estancia en México; fue desde 1878, la residencia privada del general Porfirio Díaz. La casona fue demolida a mediados del siglo XX, y en los cuatro lotes adyacentes, se construyó un edificio con fachada de acero y cristal que albergó el Banco de Comercio y luego el Centro Corporativo de Bancomer; en 1980, el banco levantó su nueva sede en el sur de la ciudad a la que trasladó sus oficinas corporativas, dejando el edificio de la esquina de Bolívar y Venustiano Carranza como sucursal del banco (ahora BBVA) y despachos en renta. a la derecha, una fotografía aérea de la Compañía Mexicana de Aerofoto, fechada en 1945, donde se marca el predio de la casa; como referencia, aparece en la parte superior derecha la Plaza de la Constitución.

En el muro sur del edificio de Bancomer se había colocado una placa con la siguiente leyenda: “En este sitio existió la casa marcada con el número 8 de Calle de Cadena y que fue la residencia del Señor General Don Porfirio Díaz, entonces Presidente de la República”. Desafortunadamente, la plancha se retiró. a la derecha, una imagen de Google-maps en que se ha marcado el sitio en que estuvo la casa; como referencia, la plaza a la izquierda es donde se encuentra el “Reloj otomano”, justo frente al templo del Colegio de Niñas, sobre la calle de Bolivar; la estructura arriba a la izquierda, con cubierta de cuatro pirámides, es el Club de Banqueros.

Abajo, en una extraordinaria fotografía tomada en 1910 desde lo que hoy sería la arista de Venustiano Carranza y Bolivar, puede verse la esquina sureste de las antiguas calles del Colegio de Niñas y de Cadena donde se edificó el edificicó el “Banco Internacional & Hipotecario de México”, proyecto del ingeniero militar Daniel Garza de 1882. En la plazuela se colocó el “Reloj Otomano”, regalo de esa comunidad como parte las celebraciones del Centenario de la Independencia de México en 1910. Con la flecha se señala la casa de Cadena 8, residencia de Porfirio Díaz Mori y su segunda esposa Carmen Romero Rubio.

  • Doña Carmen Romero Rubio

  • General Porfirio Díaz Mori

En general, el presidente Díaz despachaba en Palacio Nacional, vivía en su casa de Cadena 8 y pasaba las jornadas de descanso en el Castillo de Chapultepec. Aunque durante su larga presidencia la Residencia Oficial de Chapultepec jugó un papel protocolario importante, la casa de la calle de Cadena siempre fue habitada y por eso mismo adecuada e intervenida constantemente.

 

Arriba, dos de los retratos oficiales del presidente Días y su esposa, tomados en 1910 para los festejos del “Centenario”. Abajo una vista de la casa de Cadena mirando hacia el Poniente; el edificio alto de la esquina es el Banco Internacional e Hipotecario y a la extrema izquierda puede verse el templo anexo al Colegio de Niñas.

Casa de Don Porfirio Diaz

La edificación de sobrio diseño era en realidad la fusión de dos propiedades y al interior contaba cinco patios, en torno a los que se desarrollaban las diversas áreas; abajo una fotografía del patio principal, al que se accedía desde la calle de Cadena, con la decoración de 1889 y diseño de don Antonio Rivas Mercado.

Las habitaciones públicas de la casa se remodelaron en diversas ocasiones, siempre en un estilo que correspondía a la estética de la época y probablemente a las instrucciones de la señora Carmen Romero de Díaz; para ilustrarlo abajo aparece una imagen del salón de recibir de la planta alta, con el aspecto que tenía en 1909, luego de una intervención a cargo de la Casa Pellandini.

Lo curioso es que desde 1895, el presidente Díaz había solicitado diseños para una “Sala de Armas” que aprovecharía el segundo patio de la casa y debía ser un espacio para su uso exclusivo, sin que se llegara a concretar un proyecto. En 1904 y a instancia del ministro de Instrucción Pública Justo Sierra, el presidente encargó al pintor Antonio Fabrés, que a la sazón era el controvertido y vanguardista subdirector de la Academia de San Carlos, un diseño que al año siguiente se ejecutaría con los lineamientos de la escuela modernista Catalana, un estilo muy diferente…

Arriba una fotografía de la peana mayor de la Sala de Armas del general Porfirio Díaz; abajo, una vista general del recinto. Vale le pena notar la escala, gracias a la armadura que aparece abajo a la izquierda junto a una de las puertas. Ambas imágenes pertenecen al “catálogo de obras” que Fabrés envió al Rey de España, en 1906, como un balance de su labor en México; el secretario particular del rey, conde de Audino, llama al álbum de fotografías una “Curiosa autobiografía gráfica” y gracias a ella, tenemos registro de la obra.

 

El recinto de casi 150 m² e iluminación cenital, que se forró con lámina de cobre bruñido agregando decoraciones en yeso, madera tallada, acero y cristal, contenía varias centenas de armas, lanzas, espadas, espetones, espingardas, mosquetones, fusiles y cañones, además de cuatro yelmos a la manera medieval, una mesa de trabajo, cuatro exhibidores y una peana para “velar las armas”…

El estilo de la decoración correspondía a la Modernidad que en Europa causaba furor desde 1890 y que se conocía como Art Nouveau (en Bélgica y Francia), Modern Style (en los países anglosajones), Sezession (en Austria), Jugendstil (en Alemania y países nórdicos), Nieuwe Kunst (en Países Bajos), Liberty o Floreale (en Italia). Al ser el diseño de Antonio Fabrés, un catalán, se le denominó MODERNISTA; con opiniones divididas, los comentarios fueron muy diversos. Agréguese el que entre el director de la Academia de San Carlos y Fabrés existía un antagonismo exacerbado, se puede entender el revuelo… En un documento fechado el 1 de marzo de 1904 (AGN, caja 9, legajo 798) el Director Rivas Mercado escribió a Justo Sierra: “Si no estuviera acostumbrado a las rarezas, que a veces rayan en la extravagancia, de que viene dando contadas muestras el señor Fabrés…”, mientras que con lenguaje triunfalista, en El Imparcial le agradecía al mismo Fabrés “… por haber abierto a toda una juventud ávida la puerta de oro del arte de ahora.” (22 de noviembre de 1904). Arriba, una imagen del muro poniente de la Sala de Armas, y al centro la mesa de trabajo del general Díaz; abajo, un detalle de la mesa que representa un Leviatán muy a la manera de Berçal, con gola emplumada, fauces amenazantes repletas de bolas de cañón, garras que blanden cañones y apéndices que parecieran antenas con lámparas de filamento…

Según dice José María Gurrut en “Dos siglos de pintura catalana”, trabajaron con Fabrés en la decoración de la Sala de Armas los hermanos Marco Urrutia, artesanos catalanes a quienes se deben otros trabajos de éste género en el Castillo de Chapultepec, también destruidos. Una carta del conde de Audino, secretario particular de Alfonso XII Rey de España, dice con respecto al recinto: “S. M. el Rey dignose añadir que le inspiraba especial satisfacción el hecho de que un artista español hubiera sabido colocar tan alto su nombre, en una de las primeras naciones hermanas de América, continuando inmortales tradiciones de otros siglos; que hubiera sido el que adornara, combinando atrevidamente lo artístico a lo bélico, el domicilio de un jefe de estado admirado y querido por su amor a España y el que hubiera elegido (a) éste para figurar entre los principales directores de la educación estética del pueblo mejicano.”

Arriba, la puerta de acceso en el muro Sur de la Sala de Armas, en que pueden verse las enormes puertas de cristal con motivos de plumas y su decoración de espadas y yelmos, los exhibidores a la manera de Guimard y la mesa de obuses sobre una piel de tigre de Bengala. En su “Diccionario biográfico de artistas de Cataluña” Rafols dice que los visitantes se maravillaron del espacio y que la técnica sorprendió a muchos, ya que incluso “los cristales de las puertas estaban esmaltados a fuego, y fueron considerados como los más grandes (2.80 x 0.70 m) que se habían fabricado en Méjico”. Abajo, en una fotografía de 1905, “la Escuela Nacional de Bellas Artes” donde se señala al pintor Antonio Fabrés que fungía como subdirector de la escuela; a su izquierda podemos ver al pintor José María Velasco y al arquitecto Nicolás Mariscal. Al centro de la imagen aparecen el Licenciado Justo Sierra, ministro de Instrucción pública y a su derecha el arquitecto Antonio Rivas Mercado, director de la Academia y crítico de Fabrés.

La versión oficial señala que el 24 de mayo de 1911, Porfirio Díaz preparaba su salida de la calle Cadena 8. La Cámara de Diputados estaba abarrotada de gente. Al anunciarse que el documento de su renuncia sería presentado el día 25, la muchedumbre se dirigió enardecida hacia la casa de Díaz. Al encontrarse con la guardia desde la esquina con la calle Coliseo (hoy Bolívar) y Cadena (hoy Venustiano Carranza) la multitud se dirigió al Palacio Nacional apedreando el edificio para luego ser dispersada a tiros. La renuncia fue presentada el 25 de mayo. Al día siguiente, de madrugada, amparado por la guardia que se mantenía frente a su casa, Díaz partió a la estación de Santa Clara, donde abordó el tren para Veracruz. Llevaba la cabeza vendada para calmar un terrible dolor de muelas. Abajo, una postal que indica “Guardia Federal resguarda la residencia del Gral. Díaz en la calle de Cadena. México 25 de 5.11”

En México en el Tiempo, editado en 1945 por EXCELSIOR, aparece la fotografía de abajo; el pie de foto dice: “EL FINAL DE UNA EPOCA.— En el interior de la casa de don Porfirio había un despacho, mismo que reproduce el grabado. Ese despacho permaneció por algún tiempo tal como lo dejó el Caudillo el jueves 25 de mayo de 1911, al partir para Europa.”

 

La casa fue destruida cuarenta años después y aunque parte de los muebles encontraron nuevos dueños, el destino de la Sala de Armas permanece sin esclarecimiento.

 Sin embargo recientemente se supo que El museo de la “Royal Military College of Canada” de Fort Frederick en Kingston, Canadá, conserva una importante cantidad de las armas y armaduras que pertenecieron a la colección Díaz. El Sr. Ross McKenzie, curador del museo, me informó que la colección fue donada por Mr. Walter Douglas, ex alumno de la institución (1887-1890) que la ofreció en enero de 1938 con una carta que decía:

“I have recently purchased from the estate of the late General Porfirio Diaz, for many years President of Mexico, the collection of arms and armor ------.I have for some time felt that the College should have, as at West Point, an armory representative of the weapons of all periods and nations and in purchasing this collection it was my thought that it might serve as the nucleus of such an armory. If this suggestion appeals to you, and the necessary space be provided for its proper exhibit, I shall be glad to donate it to the College.”  (
"Recientemente adquirí de la última finca del General Porfirio Díaz, durante muchos años Presidente de México, la colección de armas y armaduras---. Tengo algún tiempo sentía que la Universidad debe tener, como en el punto del oeste, un arsenal representativo de las armas de todas las épocas y Naciones y en la compra de esta colección fue lo que pensé que podría servir como el núcleo de tal una armería. Si esta sugerencia apela a usted y el espacio proporcionado para su adecuada exposición, seré feliz donar al colegio.")


Al ser aceptada, la colección llegó a Kingston en Agosto de 1938 y desafortunadamente no incluía catalogo o soporte alguno para las diversas armas.
El señor McKenzie, también me dice que: “None of the elaborate display backgrounds, shown in the photographs of “la Sala de Armas de Porfirio Diaz,” were ever sent to Kingston." ("Nunca ninguno de los fondos de pantalla elaborados, que se muestra en las fotografías de "la Sala de Armas de Porfirio Díaz," fueron enviado a Kingston").

Publicado originalmente por Rafael Fierro Gossman